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sábado, 12 de marzo de 2022

Hoy fui al Wal Mart y sonaba "Nantes" de Beirut

Compré té negro (earl grey), gelatinas light, galletas habaneras integrales, yogur griego sin azúcar y jamón de pechuga de pavo.

Así mientras se me quitaba lo enrojecido de la cara. Así hasta que estuviera lista para disimular que lloré un buen rato. 

martes, 15 de febrero de 2022

Los diagramas de Vero y Sara se intersectan.

Ayer terminé de leer Conjunto vacío (2015). Desde hace meses me llamaba en mi librero. Creo que no te conté, pero lo compré una tarde en la que deambulaba el centro de Qro. Había pasado a la Dulce Compañía por un suculento café y el bocado experimental que inaugura o quema un puente hacia un postre. En mi caso lo quemó; demasiado dulce. Salí errante y hacía viento. Entré en una librería que estaba ahí cerca y cuyo nombre no recuerdo. Podría buscarlo pero es secundario. Recorrí los estantes con mis ojos y mis manos; reconocí títulos de teoría que me hubieran servido para la maestría. Lamenté no haber ido ahí antes. 

En uno de los estantes reconocí Conjunto vacío y lo tomé. Meses atrás lo habían leído en la círcula pero yo no pude estar porque la vida me impidió su lectura. El librero me vio y me preguntó si me gusta Verónica Gerber. Le conté que no había podido leerla pero que me habían recomendado su obra. Me contó que justo en ese momento estaba en la presentación de un libro en el museo de la ciudad. Tan solo a unos pasos que mediría en 2 minutos. Decidí ir a verla. Por primera vez me aventuré entre esos pasillos y escaleras de un edificio por el que había pasado un par de veces y entrado una sola vez, hace años para un festival que organiza unx ex profesorx de la maestría, creo que se llama Vestidas para matar. En fin, llegué a mi destino pero me sentí descontextualizada. Desistí y salí a tomar algunas fotos, a visitar el baño y a comer algo para poder volver a la librería. Llegué ahí sobre la hora a la que el hombre me dijo que cerraba. Sin embargo, retrasaría el cierre porque estaba esperando a su esposa, quien estaba en la presentación de Gerber, y a la misma Verónica porque ahí había dejado su equipaje. Esperé 10, 15, 20 minutos. Casi la hora. Hasta que me decidí a comprar el libro e ir a ver si alcanzaba a que me lo autografiara. 

Al llegar de vuelta a la sala del museo, la caída de la tarde nos había regalado los misterios oscuros. Entre cubrebocas, es decir, medias caras, voces tenues sin ánimos de ser murmullos, me dispuse a encontrar a una persona que nunca había visto. Ni siquiera en fotos. Había pequeños grupos de tres personas platicando entre sí, pero no una mesa con libros y la escritora como había pensado. Pregunté a una señora si era ella Verónica y me dijo que no, pero me señaló quién sí era. Me acerqué un poco apenada porque Gerber platicaba con un hombre; él se alejó con cordialidad al ver mi intención de obtener su autógrafo. Le conté un poco de cómo había llegado a adquirir su libro y cómo el azar me permitió conocerla ese día. Le hablé de usted y me pidió que no lo hiciera porque la hacía sentir vieja. Me regaló otro autógrafo para R. en otro de sus libros que compré y que le regalé a R. Nos tomamos una foto y ya está. 

Saralicia M. y Verónica G. (Octubre de 2021) 

Foto tomada por Saralicia M.

Después de leer Conjunto vacío y escribir este texto no podía sino imaginarme que dibujaba las intersecciones con diagramas de Venn, como diría ese desdoblamiento metaficcional de su voz narrativa. Siento que digo algo tautológico o errado. Como sea, leer su obra me tocó de muchas formas. Sentí como si me hundieran con el índice la boca del estómago. Vero me alzo un puente sensible de experiencias o sentimientos similares a pesar de ser tan distintas. Sobre todo le agradezco la forma en la que percibe a los árboles en tonos filosóficos. Los aborda desde su interior, las vetas que narran su historia como seres individuales pero también sociales; entendí que hay un área que se encarga de estudiar precisamente esas vetas como archivos históricos de enfermedades, deforestaciones e incendios. Quizás exagero, pero algo así me dejó marcada.

Sobre todo disfruté la idea de los principios y la vuelta al origen. Es algo gris pensar que si hay tantos comienzos es porque ha habido muchos fracasos, pero me hizo sentido en mis últimos nuevos comienzos. Entendí que he desandado el camino emancipatorio y ahora estoy aquí, en mi propio búnker. Creo que Ampuero también menciona algo así en un cuento de Pelea de gallos en relación con el volver a la ciudad de origen después de vivir en otros sitios. Los esfuerzos por pensar que ellxs y nosotrxs somos lxs mismxs cuando es esfuerzo inútil. 

También disfruté del ludismo del lenguaje. Inventar un idioma con otra persona. La alteración sintáctica o los acrónimos. Me recordó al glíglico de Rayuela. No había topado una obra que se propusiera hacer un poco lo mismo sin que se sintiera forzado ni que fuera estrictamente igual. Esta obra en forma y contenido logra bien el desafío hacia las dimensiones espacio-temporales. La alternancia de narrativas que dan profundidad a la historia a partir de la narración en presente de sucesos que ya quedaron atrás; intercalar el presente como la asimilación de esas situaciones con cierta melancolía; o los espacios donde delinea la relevancia de esas vetas en los árboles y los triángulos, objetos o figuras que viajan semióticamente para adquirir otros significados que las palabras por sí solas no nos dejan claros. Y, finalmente, las narrativas gráficas, disfruté mucho el sentir lo que cada una implicaba con sus intersecciones entre personas/jes, los universos, lo colmado y lo vacío. Gracias por este regalo, Vero. Ahora trato de descifrar el mío:




"Mi expediente amoroso es una colección de principios. Un paisaje definitivamente inacabado que se extiende entre excavaciones inundadas, cimientos al aire libre y estructuras en ruinas; una necrópolis interior que ha estado en obra negra desde que recuerdo. Cuando te conviertes en coleccionista de inicios también puedes corroborar, con precisión casi científica, la poca variabilidad que tienen las finales. Estoy condenada, particularmente, a la renuncia. Aunque, en realidad, no hay mucha diferencia, todas las historias terminan bastante parecido. Los conjuntos se intersectan más o menos igual y lo único que cambia es el punto de vista desde el que te toca ver: la renuncia es voluntaria, el consenso es la menos común de las opciones, y el abandono es más bien una imposición.

Tengo talento para empezar. Me gusta esa parte. pero la salida de emergencia está siempre a la mano así que también me resulta relativamente fácil saltar al vacío cuando algo no me convence. Emprender la huida hacia la nada a la menor provocación. Por eso esta vez no quiero preámbulos, intentaré evadir el comienzo, ya tengo demasiados. Estoy cansada de los preludios y el único momento en que podría volver con cierta seguridad es a aquel desenlace, a ese rompimiento que lo cambió todo en primer lugar, que me convirtió en una desertora, en una compiladora de historias irremediablemente truncas."

V. Gerber, 2015. Conjunto Vacío.  

 


Boom del re-cor-dis.

Sa: Me caga el ruido. Es lindo estar así, en silencio.

Si: ¿Por qué?, ¿sientes que ya has escuchado demasiado?

Ese chico da en el clavo. O, mejor dicho, se escurre entre los sentidos verbales; es decir, por los intersticios que quedan entre esos clavos. Me toca porque precisamente esquiva esos sitios comunes. Cuestiona la hegemonía desde el o la co-razón. Qué lindo pensarlo así. Una razón compartida entre dos. Eso también es amor, crear un lenguaje único entre dos personas.

sábado, 22 de enero de 2022

Querido diario:

 No quedé en el doc y me siento genuinamente libre y contenta. Desde el día de la entrevista me trabajé mi duelo por lo que creí que quería, la desilusión de que ese programa no estuviera alineado por mis intereses y la necesidad de buscar otras formas de desarrollarme en mi momento inmediato. Doy muchas gracias a la universa por darme el rechazo que yo no quise dar cuando ocurrió esa entrevista y me dijeron que la implementación que yo tanto anhelo es imposible para su programa. Adaptarme a él hubiera sido como mutilarme y aunque me echaba ánimos para ponerme creativa y ver de qué forma podía hacerlo a andar, no lo sentía tanto como una motivación, sino como algo que no me llenaba. Sin duda es un programa respetable, pero no articulaba todos mis intereses fundamentales, entre ellos, especialistas en estudios literarios y la posibilidad de aplicar esa investigación. Habrán más convocatorias, más intentos y posiblemente más rechazos. Pero por ahora nos damos a la tarea de entrarle a otros sitios que me llaman la atención y donde creo que los efectos están más alineados a mis objetivos de hacer trabajo comunitario para poblaciones vulneradas. Honestamente dudaba sobre mi salud mental al comprometerme 4 años con una investigación que sentía muy cerca de mi otra investigación. Quiero permitirme aprender y poner oídos y ojos atentos a mi entorno para ver qué más propuestas salen. Nomás escribiendo para la colectiva me surgieron dos temazos, no sé si para doc, pero sí para artículos. La investigación prevalece en mí, pero ya no se trata de sentarme yo frente a mis libros y computadora y entablar diálogos con especialistas; me atrae más generar otros espacios que puedan beneficiarse de estos conocimientos. La revolución será feminista o no será, y quiero llegar hasta allá, donde existan mujeres de todos las edades, tamaños y colores con ánimos de cambiar estas realidades. 

En realidad abrí esta entrada para escribir sobre el rechazo y cómo eso me ha traído muchos beneficios. Una vez mi amiga M. me habló sobre esa parte de la que casi no se habla pero que también nos puede impactar de manera positiva. Y sí, lo creo. Yo sigo estando muy agradecida por todos los weyes que me han rechazado, tanto que ya aprendí a ver eso como favores que me hacen. En este sentido me había costado un poco más, varios días de ondeadez y tal, porque los estudios siempre han sido importantes para mí, así que el "no" en esta dimensión significaba más cosas. Por ejemplo, me sentí muy estúpida cuando terminé la entrevista y para mí ese es uno de los peores sentimientos. Me reprochaba por todo lo que pude haber dicho mejor, etc. Pero también me di cuenta de mis debilidades y esa capacidad de autocrítica es algo que necesito de manera permanente. A veces, pensaba ayer mientras corría, confundo a la niña interior que es como mi intuición y me jalonea una manga para que nos vayamos de los sitios donde no pertenecemos o saldremos lastimadas, y mi propio miedo que me impide hacer cosas que quiero. Es complicado discernirlas pero al menos ya distingo esas dos raíces que me vuelven consciente cuando tomo decisiones. So, me trabajé ese rechazo hace semanas y me convencí de que la negativa era la que quería, porque de haber resultado aprobada iba a tener que hacer algunas cosas que muy probablemente me orientarían a desertar. Lo intenté en este programa porque tenía todo para hacerlo en ese momento y porque los otros acababan de cerrar convocatoria. Sin embargo, desde el inicio sentía que era un poco forzado, solo que no sabía si era mi niña o mi miedo por moverme de lugar, en muchos aspectos. 

Quizá después siga escribiendo sobre esta idea. Por ahora, estoy animada. Hoy comenzamos el taller Nalle y yo en un centro de mujeres con adicciones. Estoy muy motivada :).

jueves, 20 de enero de 2022

F(r)icciones

Fusiones de experiencias estéticas literarias. Vamos a llamarle a eso F(r)icciones a eso que me ocurre de hallarme en palabras que no son las mías pero que expresan o vuelven inteligibles las emociones que alguna vez sentí pero que no traté de cristalizar. 

Leer La última niebla de María Luisa Bombal me hace revivir emociones de mi encuentro con L.  hace meses. Fue escrita hace 86 años y vino a describir un encuentro fugaz tan bello que nos siembra dudas sobre si ocurrió realmente, muy a tono con una experiencia de estética fantástica. Me remitió a otra lectura que tuvimos en la Circularia donde leímos a Amparo Dávila. Yo me fui de largo por empecinada a darle algún sentido a esos cuentos por medio del que lleva el nombre del cuentario, Árboles petrificados. Es un poco el mismo tema del amante y el amor, la memoria fugaz, la pasión, la imposibilidad y el paso del tiempo. En Bombal es más agrio porque nos invita a pensar una vida de mujer llena de silencios, donde la muerte estaba en la vida y, quizás, algo de vida encontró en la muerte. El cumplimiento de deseos afectivos y sexuales, quizás. En cambio, con Dávila es una memoria embellecida, como diría la Chayo Castellanos ("el recuerdo embellece lo que toca"), de los momentos compartidos con el amante.

Qué panoramas tan desalentadores cuando una se propone seguir. A mí me quedan bellas memorias que a veces revivo. Por ejemplo, me recuerdo feliz caminando por este parque el mismo día en el que nos despedimos en unos portales de una ciudad insospechada en el centro de este país. Pero como todo, se me va deslavando de los sentidos. He olvidado su olor -que me agradó- pero no el tono de su voz. Aún cuando lo pienso viene a mí una oleada cálida de afecto, como fueron sus abrazos. En fin, ese día fue difícil bajar de las nubes.

(As a whisper: Dos mujeres ya han descrito adelantádamente algunas emociones que tengo sobre ti.)


martes, 18 de enero de 2022

Querido diario:

Cuando era niña, una niña a quien yo quiero mucho me dijo que su mamá le había dicho que yo estaría muy bonita si no estuviera gorda. Yo me quedé en shock porque quizás fue la primera vez que alguien me decía que mi cuerpo estaba "mal" y no lograba descifrar el mensaje. No me había visto desde esos ojos nunca pero ese día, creo, empecé y me sentía mal por ello. Tenía alrededor de 10 años. Yo no le tengo rencor a esa niña que ahora es una adulta, en realidad ahora pienso en cómo a esa edad ya habíamos asimilado el mensaje de saber cómo era un cuerpo bello según nos dicta la hegemonía. Algunas cosas no salen de todas formas, porque años después me dijo cómo yo no sabía el sufrimiento que conlleva cumplir todos los estándares de belleza. ¿Está claro?

De niña tuve como compañera de escuela a una niña que no me caía muy bien desde que se empeñó en demostrar que su nombre era más bonito que el mío. Digamos que compartíamos el primer nombre pero el segundo era diferente. Yo le dije que estaba ok. Ella insistió e hizo una encuesta en todo el salón para terminar riéndose de mí y afirmar cómo ella tenía esa seguridad, verdad o certeza de tener un nombre más bonito que el mío. Yo sigo revisitando ese sitio en mi memoria y aún no logro comprender...

A veces recuerdo esos momentos y me duele en alguna herida que me acompaña sabiendo que eso que viví y que sigo reviviendo de otras formas pues en realidad estaba cargado de varias cosas. Entre ellas la gordofobia interiorizada, la resistencia hacia la hegemonía de la belleza, la búsqueda alternativa de vivir mi cuerpo en un mundo en el que me sentía cada vez más loca. Ahora celebro todas esas resistencias y trato de sanarme a mi propio ritmo con mucha autocompasión, autocuidado y paciencia. Empecé a aprender a quererme recientemente pero lo importante es iniciar, ¿no? Este tema me trae muchos temas y quizás ahora quise compartírselos porque comprendo que situarnos en el cuerpo nos muestra cómo esto nos atraviesa, nos lastima, nos mueve sitios emocionales y, vaya, nos hace vulnerables también.

Ese deseo de ser percibidas como "bonitas" también nos puede llevar a ejercer violencias de las que ni siquiera nos percatamos y pueden empezar desde bien temprano. ¿Qué hay del tema del poder en la belleza?, ¿seguiremos hablando?

Querido diario:

 Me siento muy feliz y motivada. Fíjate que ya estoy de maravilla con la idea de no quedar en el doc -que aún no lo sé de cierto pero lo intuyo. Como estrategia de supervivencia me he lanzado a la piscina por impulso, convicción y confianza plena en mí. Sí, esa dosis de creerte capaz de poder lograr lo que te propones con todo y adversidades que vengan en esa decisión. Sostengo con firmeza que esto que sigo creando parte de un amor profundo por generar sitios de resistencia donde los afectos son indispensables para poder acompañarnos en esta lucha. Así que los cimientos de la colectiva se ven prometedores. Me encanta ver avivado el fuego creativo de las compañeras cuando nos unimos y nos movilizamos para alcanzar a contagiar esta utopía a más mujeres. Sigamos encendiendo la mecha, esa que aunque una se canse de ratos por sostener la antorcha, sabemos y confiamos con que alguien más la estará encendiendo mientras volvemos. Así, como una inercia del relevo con sentidos profundos de sororidad entre nosotras. Acá hay tanto por hacer, pero qué bien que hemos compartido la inquietud de cómo empezar.


sábado, 8 de enero de 2022

Querido diario:

Mi mayor consuelo en el universo es que, para bien o para mal, todo pasa. Acabo de terminar de ver Don't Look Up y me quedé desconcertada. ¿Qué será del futuro?, ¿llegaremos a marzo? He estado con pensamientos turbios y sombríos. No sé si debería ser así pero siento que la peli me deprimió un poco más. Ni siquiera sé con quién podría identificarme, pero veo los asquerosos mecanismos del capitalismo neoliberal aliado a los intereses del Estado y casi vomito. Pero también las líneas borrosas entre los discursos eufemísticos de la política y la mercadotecnia. Hace tiempo conversaba eso con B. Él me contaba de un multimillonario que emprendió un proyecto de un tour espacial o algo así (la verdá no lo he corroborado) y que invitó a personas riquísimas a participar en él. Desde ahí pensé "qué jodido, ellos precisamente son los que seguro ya se están construyendo mansiones en otros planetas, y acá quedaremos los que hacían el trabajo sucio que sostenía a esas personas". Eso mismo pasa en la peli, me pregunto qué sería reiniciar una especie humana con esas personas como líderes "originarias". 

Pensaba también en esas teorías que revisamos el semestre pasado sobre el devenir con en contextos multiespecistas de Donna Haraway y cómo ella habla de las principales dos tendencias para pensar el futuro: el "alguien lo resolverá" y el post apocalipsis. Ambas nos libran de responsabilidades individuales, al parecer. Es más, ahora que lo escribo, siento que en realidad esa apuesta incierta de que alguien lo resolverá, responsabilidad delegada a un dios o a lxs humanos brillantes, reduce una gran carga de creatividad e inteligencia a un sector muy reducido de nuestra sociedad. Y lo segundo, esa estúpida tendencia al aceleracionismo solo expresa el egoísmo y el antropocentrismo que insiste en joder, pero ahora sí colectivamente, a todas las especies. Es, para mí, la cumbre de la estupidez. 

Alors, ¿seremos lo suficientemente sensibles para crear futuros que consideren nuestras realidades multiespecistas? 

sábado, 1 de enero de 2022

Querido diario:


Cerré el 2021 con una especie de promesa que es, a su vez, una reafirmación de compromiso con las juventudes. Conocí a una adolescente de 14 años que me recordó a mí porque le gusta leer. Platicamos un buen rato y compartimos las experiencias que derivan de ese placer, principalmente las que empiezan cuando cierras el libro. Es una actividad que suele ser solitaria, sobre todo durante la pandemia, y a eso le agregamos lo poco popular que es. Quise platicar mucho con ella porque tengo la experiencia de haber crecido con comentarios que me marcaban como rara en todos mis espacios. Supongo que por eso mismo, desde la adolescencia, empecé a celebrar esa "rareza" con la que siempre me calificaban. Después eso se convirtió en elogios de inteligencia y aunque no me siento cómoda en ese adjetivo, sobre todo en los últimos años, sigo asombrada por cómo esa rareza le ha dado tanto sentido a mi vida. Me gusta más pensar en ser estratégica: ser creativa para proponer, pasar de la palabra a los actos y aterrizar la teoría en la práctica.

Pero bueno, continuando con esta morra, me contó que le interesa saber cómo eran las mujeres antes para poder comparar cómo ha cambiado el machismo entre los tiempos actuales y aquellos. Les prometo que ella solita sacó el tema. Y bueno, basta conocerme poco como para saber que me volví loca de la emoción. Me terminó preguntando qué significa ser mujer para mí y pensé: "Rayos, si supieras que es la pregunta que aún no logro resolver a pesar de que tengo años dándole vueltas y leyendo a mujeres que le han dado vueltas desde hace décadas. Me haces la pregunta del siglo". En fin, con pocos ánimos le dije en breve que, para mí, ser mujer es una ficción. Y luego pensé que al mismo tiempo no lo es. Ya lo sé, pero, ¿cómo comenzar a explicarle las violencias hacia las mujeres que han sido fuertemente instaladas por las colonizaciones y el capitalismo en alianza con el patriarcado?, ¿cómo le digo que la misoginia se basa en la jerarquía derivada de "la verdad del sexo" que nos pone en sitios de diferencia y subordinación desde los esencialismos? Esas son pocas de las preguntas que recuerdo que me surgieron.

Por si fuera poco, me contó que sospecha que es lesbiana pero tiene mucho miedo de decírselo a su familia porque cuando ha preguntado sobre el tema solo le contestan que "Dios creó al hombre y a la mujer", y sabe que su papá es homofóbico, y su mamá le condicionó su cariño a la heteronorma (en mis palabras). Le conté que "los adultos" no lo saben todo aunque lo crean, y que incluso repiten explicaciones que escuchan en todos lados porque a veces eso es más cómodo que pensar en otras formas de comprender las situaciones. Sin embargo, no dejo de pensar que la explicación es "simple" y el amor debe estar en cada palabra. Entonces... nada, le dije que jamás sienta que está enferma o que hay algo malo en ella (me anticipé a lo que percibo que suele decirse sobre el tema), que las lesbianas existen pero que se habla poco de ellas porque en nuestras sociedades patriarcales no hay nada peor que no rendir culto a los hombres en nombre del amor. O peor aún, que explican el lesbianismo como un querer ser un hombre o que se es lesbiana porque no ha encontrado al "indicado". En fin, al parecer siempre se tiene que tratar de ellos.

Me quedé pensando en toda la información que me faltó decirle, o cómo pude haberlo dicho mejor. Y como no puedo regresar el tiempo lo único que se me ocurrió fue venir aquí a compartirlo. Estas charlas son verdaderamente intercambios. Tenemos tanto que aprender de las juventudes y les debemos tanto... Me tiró una bomba como un cubo de rubik, lleno de colores y posibilidades. 

jueves, 23 de diciembre de 2021

Desbordemocional

 Sólo imagino palabras desafiantes que en mi realidad cobarde no me atrevería a pronunciar.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Por las abuelas no romantizadas ni románticas.

 -¿Volvería a casarse con él?- Inquirió el sacerdote frente a la conmovida audiencia eclesiástica congregada para la celebración áurea.

-No- Risas declaradas ante verdades incómodas que resonaron por todo el recinto. Sí, todos pensaron que ella bromeaba después de aguantar 50 años de convivencia diaria con un marido que insistió en inferiorizarla por su escasez de estudios escolarizados. Allá en ese pueblo del norte de Sinaloa, Navolato creo que le llaman, ella creció entre los campos agrícolas y el ganado. Aprendiendo y replicando las enseñanzas de lo que las personas con su sexo debían hacer en esa región. Legado cultural de corte patriarcal, diríamos fríamente con la distancia que el lenguaje académico de taxonomía tiene, nombrando como quien disecciona un animal Otro, extraño a la mismidad de las cosas, y que siempre puede ser colonizado.

Vaya regalo de quince años. Sí, en el mismo día del natalicio, 22 de diciembre, ella se unió espiritual y carnalmente a un hombre diez años mayor. En cada celebración de vida había un suspiro y un trago amargo por los otros 364, marcados diariamente por los escupitajos del hombre de iglesia y figura de decencia, que tuvo más hijos pero no con ella; que abusó de niñas en su sitio de autoridad escolar; que presumía en todos los sitios su impecabilidad moral con su familia, su trabajo y comunidad de la Iglesia. 

Por eso, cuando escucho los dolores de la abuela manifestados en rabia a sus 70 años, pienso que se está sanando de décadas de silencio. Por eso ella merecía ese momento de justicia para ella misma de denunciar públicamente su inconformidad con ese lazo, y todos lo recibieron con risas, aplausos y diciendo que qué ocurrente doña A., si don I. es un pan de Dios y además muy divertido. Escuchar a la abuela en sus recreaciones de momentos traumáticos me permite a mí cartografiar el pasado, no solo de ella sino de muchas otras mujeres de su tiempo. 

Ya casi es 22 de diciembre y esta es la primera vez que escribo sobre esto, pero este año me rondó la idea de hacerlo inteligible porque me acosaba en cada espacio en blanco de mis días. Vine aquí a confesarlo porque me duele en una parte de mi abuela que vive y resuena en mí: llevo su nombre pero construyo otra historia. Cuando pienso en esa voz colectiva de mujeres silenciada me lleno de rabia y siento que sus historias deben sobrevivir para que nosotras podamos aprender de ellas. Porque si ellas no tuvieron una reparación de daños, sino chingazos; no una pauta justa o una escucha atenta, sino amenazas de abandono y muerte; violaciones maritales en lugar de un abrazo cálido de quien se asume como protector y cuidador, pues entonces siento que nos toca a nosotras, porque comprendemos la lucha y resistencia que nos sigue persiguiendo en otras formas. ¿Podemos darle eso a las abuelas? Es decir, ¿la escucha atenta y la calidez de nuestro afecto o inventar la máquina del tiempo para reescribir esas historias?, ¿sería sanador reescribirlas con ellas?, ¿seremos nosotras y las futuras quienes construirán esas narrativas honrando la memoria de las que resisten estas imposiciones violentas? Nos queda construir espacios de aliento y paz entre las nuestras como refugio de la hostilidad inexorable del afuera...




miércoles, 1 de diciembre de 2021

Noviembre, el mes de las publicaciones

Apenas recuperé el aliento. Siento que me sumergí en el océano de la producción académica todo este mes. Aquí dejo el enlace para mi texto "Ideas y prácticas para una educación feminista"  que escribí para un círculo de diálogo sobre "Coyuntura feminista y educación". Y ya publicaron mi artículo "Masculinidades desde y con los feminismos" en la revista REDESS de estudiantes de sociología de la UNISON. Ayer envié el capítulo del libro pendiente para el siguiente volumen de la MEG y estoy constantemente revisando el status del artículo en proceso de revisión para La Ventana.  Lo que sigue es escribir por disfrute, digamos. Trato de respirar y seguir escribiendo en el caos. Quizás siento en el fondo que si dejo de escribir me vaya a volver loca (más [¿se podrá?]).

Hoy tuve mi examen para el doctorado y fue complicado. Las preguntas eran precisas y al mismo tiempo permitían respuestas-ensayos. Apenas pude contestar todo en tres horas que se fueron fugazmente. Siento y tengo mucho en mi cabeza, necesito comprarme una libreta. 

Hoy es día mundial del VIH y SIDA, y me martillea la cabeza saber que debo ir a hacerme una prueba.

Hoy B. me regaló unos tenis para volver a correr. Ojalá me lleven lejos.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Kerido diario

 Estoy un poco melancólica. Llevo días pensando en la ambivalencia de sentires frente a la agencia sexual fincada en ideas feministas, pero que no quitan la persistencia de saberse o sentirse consumida por los vatos con quienes se tiene intercambio de placer.


¿Te fijas que empecé narrando en primera persona y luego me desasocié?

En efecto. Suelo luchar contra esas ideas que se agudizan semanas después de tener sexo "casual". ¿Es que es imposible que un vínculo persista después de eso? Y no me refiero a algo que lleve a la exclusividad sexual o afectiva, sino, quizás, como acto de trato digno. O quizás solo soy yo, esperando mucho del mundo, como siempre. 

lunes, 22 de noviembre de 2021

Uno de esos días

Hoy B. me manda mensajes de Whatsapp para decirme lo deprimido que está. 

Hoy B. me hizo recordar por qué Beginners me mueve tanto. Sobre todo en la escena donde Ana recrea una llamada telefónica con su papá que le habla para contarle que quiere suicidarse. 

Pocos espacios he tenido en mi vida para hablar de eso. Es delicado porque la prioridad es B. Siempre B. 

Hoy, más temprano, mi mamá y yo platicábamos sobre la visita del abuelo paterno ayer. Compartimos la reflexión de que él se siente culpable por su crianza violenta y ahora no sabe cómo resolverlo. Todxs sus hijxs, a excepción de la tía L. que es un dulce, tienen rencor hacia él. Lo demuestran con sus actos y sus palabras, aunque digan lo contrario. El abuelo derramó unas lagrimitas ayer. Mi papá mesuró su voz. Yo me quedé con ganas de decirle que no sé cuánto me aguantaría si yo le llegara a hablar en 20 años como ahora él le habla al abuelo. Me reservaré ese comentario para alguna ocasión especial. En fin, mi mamá se puso sensible por el tema y me dijo que toda la familia debimos tener atención psicológica. Hizo énfasis en mí. Y pues, no sé, no puedo imaginarme mi vida siendo de otra forma. Haber estado al margen de la atención -aunque no del todo- me hizo independiente, responsable y resiliente. 

El teléfono sigue vibrando con mensajes tristes de B. y yo ya tengo la cabeza saturada de trabajo. A veces siento que mi propia cabeza es una mansión donde trato de ver cuál es el mejor cuarto propio. Acabo de recordarlo: ruido blanco. 

jueves, 11 de noviembre de 2021

¿Por qué la necesidad del cierre?

Ayer mientras batallaba para dormir me disolvía en especulaciones como siempre. Pensaba en mi necesidad de inventarme los finales, de crear cierres. Alguna vez le dije a G. en una borrachera en la que ella estaba muy triste: "Escoge la versión del final que te haga sentir mejor". Así que aquí estoy yo, dándole vueltas al final de una breve historia para acomodarme mejor los sentimientos. Es como una antología en mi cabeza. Cosa curiosa: siempre he amado los finales abiertos, precisamente porque la posibilidad detona la inventiva.



martes, 9 de noviembre de 2021

Querido diario/Breve carta a L.

Hoy me siento cursi. Platicaba con D. y le contaba que después de coger placenteramente con un chico que me gusta mucho -incluso no sé si cogimos exactamente porque siento ese verbo como algo despojado de afectividad y me da náuseas referirme a ese momento como "hicimos el amor", lo que hicimos siento que fue otra cosa- ya no creo que pueda volver a tener sexo "casual" -me entristece referirlo así-, o por lo menos no pronto. Esperamos quince meses por conocernos en persona y quizás por eso lo disfrutamos tanto. Aún imagino y siento su presencia a mi lado en las mañanas o cuando me voy a dormir. Algo nuevo para mí, o relativamente nuevo, porque es revisitar un sitio sexo-afectivo que había estado intacto por un par de años o quizás más -en algún momento coger con H. ya no se sentía lindo, solo era como recitar una obra de teatro por centésima vez, era disfrutable, como los aplausos que anuncian el final, pero ya no sabía a nada la verdad. 

Y bueno, hoy siento enfatizada mi cursilería aunque quizás me haya perseguido por días y hasta hoy afloró hasta cristalizarse en letras. Mientras escribo esto me pregunto si tal chico me leerá. Pienso ahora en 62/Modelo para armar cuando Marrast escribe una carta a Tell y saluda a Juan porque sabe que seguramente leerá esa misma carta. Entonces: 

"Hola, cómo te va, L. Ojalá me escribieras. Siempre me ha gustado leerte. Quizás es porque fue la forma en la que nos conocimos y, para infortunio mío, el análisis del discurso me ha llevado a sobrepensar algunas de tus palabras por el impacto que han tenido en mí. Eso no te lo dije en persona; digamos que sentí que era bochornoso. Tengo memorias tan nítidas de nuestras conversaciones como de nuestra única noche juntxs. Tan nítidas que te asustarías, así como yo me asusto cuando pienso en tus manos y me recorre una calidez que también inicia en mis manos. Nuestras manos: mi mano derecha y tu mano izquierda entrelazadas, primero entre nosotrxs y después acompañando el compás de tu corazón en el pecho. Qué fortuna estar viva y atesorar el afecto y la ternura de ese momento. También me quedó en la punta de la lengua comentarte que leí pocas páginas de tu novela, pero que la imagen d«los obreros que lubrican las máquinas con su propio sudor» me pareció fascinante. En fin, no quería sonar como una obsesiva. A veces me acechan pensamientos de ansiedad, cosa que tampoco quise comentarte. Imagínate: yo te quería cerquita y mucho de lo que quería contarte sentía que harían que te alejaras, literal y figurativamente. Aunque la distancia en sí era irrevocable. Quizás, si pudiéramos actuar ese tiempo compartido en retrospectiva, me quedaría con tu «try me», si es que lo dijiste así de camino a tu trabajo en tu coche, cuando te conté con pena lo que no sabía si te había mencionado durante esa noche o si solo se había quedado en mi cabeza. Con ese «try me» yo hubiera sabido que había una luz verde para platicar lo inusual y lo absurdo, esos temas que amo tanto y que no encuentran cabida en todos mis intercambios personales. Mi ansiedad corre más rápido que mi racionalidad. Por eso temía que si no nos caíamos bien o la noche no daba para más o yo metiera la pata como suelo hacer, no tuviera un sitio a dónde correr. Porque siempre pienso en correr. Sobre todo cuando la compañía es tan insoportablemente atractiva por todos los sentidos. Qué te cuento, es una de las paradojas que me habitan. Una de tantas que me gustaría empezar a contarte. Pero, digamos, son los escenarios que estoy acostumbrada a hacer. Mis encuentros más significativos suelen ser efímeros, quizás esa marca es la que les otorga esa valía. Es la casualidad con sentido y afectividad. Quizás mi condición nómade -por donde se vea- me impregna al grado de anticiparme la nostalgia por saberme, siempre, en sitios de paso. Por eso también quiero que sepas que no me podía dormir porque seguía incrédula y sentía que quizás estaba soñando. No podía creer que hubiéramos creado algo tan lindo y compartido, al fin, el mismo espacio, la misma cama. Incluso lloré un poquito viéndote dormir. Supongo que fue mi forma de decirte adiós y gracias. Qué rara soy, apenas nos encontramos y yo ya me estaba despidiendo. En fin, qué deleite haber coincidido."

Entonces aquí estoy, escribiendo líneas patéticas porque quizás solo puedan vivir a través de la lectura de L. Cosa difícil, mas no imposible. Cuestión de curiosidades, como las que yo suelo tener. Igual son como mis pequeñas botellas al mar; contenedores emocionales que navegan ahora por la vastedad del ciberespacio, por donde también fue posible encontrarnos. 



De Cristina Peri Rossi


miércoles, 22 de septiembre de 2021

Querido diario:

Las estructuras profundas del patriarcado en mí se manifiestan cuando siento la necesidad de explicar que estoy haciendo algo. No solo para lxs demás, sino para mí misma. Ya en dos semanas presentaré mi examen de grado, estudio para ello a la par que preparo un nuevo protocolo de investigación. Acabo de terminar un artículo para una revista de la uni y envié otro para otra uni; me preparo psicológicamente para argumentar una solicitud de cambio en uno de mis textos para otra uni; practico francés por lo menos una hora diaria desde hace 22 días, es decir, desde que me operaron. Me siento más sola y más "productiva" (palabra que odio por estar en el campo semántico del capitalismo) que nunca. Al mismo tiempo estoy feliz de poder avanzar con mis propias herramientas intuitivas en el mundo y me siento afortunada de tener a mis mapás. Ayer, por ejemplo, fui con K. a ponernos la segunda dosis de la vacuna y, cinco minutos después de que me la pusieran, se me bajó la presión y tuvieron que llevarme en silla de ruedas con lxs paramédicxs. Resulta que desayunar avena con fruta es demasiado ligero para una mañana de vacunación. Me revisaron la glucosa, me pusieron el oxímetro, tomaron mi presión y me dieron un suero. Me hizo pensar de nuevo, en la importancia de las labores de los cuidados, sentirse vulnerable y dejarse llevar es cosa de otro mundo. Jamás me había pasado estar al borde de perder la conciencia con desconocidxs (K. estaba sentada relativamente lejos de mí pero pudo aproximarse). En fin, días desastrosos, a veces no le encuentro ni patas ni cabeza a esta vida que trato de construir. Incluso siento como si tratara de armarla con pastiches inútiles, como si fueran trozos de cinta en una tubería a punto de colapsar. ¿Así me siento? Quizás sí pero trato de convertir todo eso en algo que me dé un sentido de vida. 

jueves, 9 de septiembre de 2021

Querido diario

Me pregunto si en algún momento de mi vida pensaré en esta fase transitoria y me preguntaré de dónde saque fuerzas para hacer lo que hago o si simplemente hago lo mínimo indispensable. 

Me operaron la semana pasada. Moría de miedo y ansiedad. Todo salió bien, la cirugía, la recuperación, los resultados de patología de la biopsia del quiste. Ya puedo movilizarme más e incluso en cama no dejé de practicar francés un solo día. 

Acabo de terminar un artículo al que le estuve dando más vueltas durante días que lo que realmente me costó sentarme a darle forma. Hoy comienzo una novela y mañana envío el artículo. A partir del fin de semana trabajaré más en el protocolo de investigación para postularme al doc. Compré mi vuelo para octubre. Solo de ida, aún no sé cuándo volver. Fecha de examen de grado casi formalizada aunque ya agendada. 

Sigo sintiendo que solo veo la vida pasar y eso no me baja la amsieda... Sigo perdiendo cabello y mordisqueándome las uñas. ¿Qué rayos voy a hacer?

lunes, 23 de agosto de 2021

Querido diario:

 Llevo días pensando y esta entrada es para recordarme momentos que deberían inspirarme para intentar cosas nuevas, enfrentar nuevos retos, sentirme capaz y merecedora de ellos. Ha llegado el momento en el que debo creer, de veras, en mí misma.

-Tengo los privilegios suficientes para llegar hasta donde estoy, y he tragado y escupido en la cara patriarcal mis mismas limitaciones. La maestría es como un resumen de ello. Es haber solventado una deuda con mi pasado, sanar heridas de mi adolescencia. 

-Siempre me dicen que escribo muy bien. Me lo dijo mi director de tesis de licenciatura, me lo reiteró mi directora de tesis de la maestría, lo dicen mis compañerxs y una de mis sinodales dijo que mi tesis de maestría está en nivel de calidad de un doctorado. Puedo y estoy lista para enfrentar el reto. 

-Leo a pensadoras como Sara Ahmed y me siento acompañada. Sus palabras representan ese mismo libro de compañía del que ella habla. Comparto la experiencia de las preguntas incómodas pero muchas de ellas las he pasado. Después de leerla no sé si mi interacción social vuelva a ser más o menos la misma. 

-Recuerdo que cuando elegí mi tema de tesis de la licenciatura tuve inquietudes profundas acerca de cómo hacer crítica literaria feminista demandaba más que denunciar la presencia del patriarcado en las obras como tarea de nuestro tiempo. Es decir, yo podría generar infinitos textos donde aborde cómo se ven las relaciones patriarcales en cada obra literaria simple y sencillamente porque el patriarcado sigue estando vigente. Con el tiempo se ha ido adaptando a los cambios culturales pero la médula continúa ahí y es nuestro trabajo ver las nuevas formas que cobra. Uno de mus objetivos era poder hacer una lectura de la Maga más allá de esa mirada patriarcal, poniéndola en diálogo con la estética cortazariana para exponer la necesidad que existe de la sensibilidad subestimada al lado de la razón. Siguiendo las dicotomías del sexo-género (pensamiento moderno) y en análisis que se limitan a asimilar esos binarismos, claro que hay sitios simbólicos que ocupa Lucía si solo lo vemos desde el género. Sin embargo, si problematizamos esas dicotomías de la herencia cartesiana y nos preguntamos por qué esos sitios debemos reafirmarlos como inferiores entonces estamos dando la vuelta de tuerca. ¿Por qué y para quién son inferiores? En fin, es pensar en la reivindicación o resignificación de los espacios simbólicos que se han feminizado. Así como lo señala Silvia Federici, Sara Ahmed (con el giro emocional o afectivo) y, creo, Rosi Braidotti desde su mirada postestructuralista. En fin, digo todo esto para motivarme sobre por qué mis intuiciones me llevaron a caminos que otras pensadoras ya habían transitado, donde hallé que mis inquietudes tenían eco y trazan otras miradas. Me sentí abrazada al leerlos y me sentí más encontrada, reafirmada y segura de mis intuiciones. Estoy esperando esa voz de la intuición o esa señal que me nace de las vísceras para empujarme a convencerme de un proyecto o una idea. Ahora mismo creo que lo siento. Ojalá esta agua de río encuentre su cauce hacia otro viaje epistémico que derive en algo más asequible, hacia otra materialización de las palabras...

-Tengo miedo de postularme. Reconozco que es una cuestión de ego: académicamente siempre he obtenido lo que he querido; soy seleccionada para los programas a los que aspiro pertenecer. No quedar puede ser otro logro cumplido o una lección de vanidad ególatra aprendida. Realmente no sé si la necesito porque siempre estoy en posición 50/50 y doy lo mejor de mí de la manera más sincera que puedo. 

¿Será posible que las personas inteligentes se den cuenta de que lo son? Nunca me he sentido lo suficientemente lista pero siempre me lo repiten. Supongo que también es relativo y depende de cómo se percibe esa inteligencia. Pienso que me ha importado más ser crítica (killjoy) que demostrar mi inteligencia. La crítica puede asomarse en los momentos más banales; la inteligencia me parece elitista, sobre todo si es un acervo memorial de datos rebuscados. 

Voy a tragar una bocanada de aire, la más grande de mi vida y voy a dar el salto. Quizás salga pronto y busque otros caminos, o quizá me quede en las profundidades un rato. Hay cosas que en la superficie no puedo encontrar. No quiero acomodarme en la contemplación. Necesitamos actuar. 

jueves, 19 de agosto de 2021

Querido diario,

Una vez conversaba con una amiga sobre eso que muchxs dicen de que toda opinión es válida. O quizás más sobre nuestro derecho a opinar de lo que sea, ya saben, libertad de expresión y esas cosas. Yo creo que también podemos reservarnos el derecho a opinar de todo -me ocurre cuando no me siento lo suficientemente informada y no me da pena reconocerlo-, pero a veces me preocupa que nos orille al silencio como complicidad. ¿Cuándo ya reúnes los requisitos para que tu opinión sea válida?, ¿válida para quién/es?

Hablar de Algo es hacerlo presente aunque al mismo tiempo que lo ponemos en la mesa se hacen evidentes los sitios desde donde vienen. Como todo, nos formulamos opiniones que están estrechamente vinculadas con nuestra experiencia en el mundo. Hay algunas estructuras de las que nos percatamos y procuramos desaprender, pero hay otras que nos sorprenden como huéspedes normalizados en el espacio de nuestra subjetividad. Me sigue y seguirá pasando. Estructuras potentes se van reorganizando para sobrevivir en nuestra cultura a través de su socialización y normalización. Me pregunto hasta qué punto yo podría ser capaz de renunciar a sus estragos en mí como beneficio de una "buena" -relativo, sabemos- conciencia.

Ojalá yo tuviera una receta para deshacernos de la necesidad de crear jerarquías e inventar sitios de poderío. Las ideas de superioridad y solidarización con sociedades que, asumimos, en "desventaja" o "vulnerables" según la mirada privilegiada de quien tiene los recursos para "ayudar", también ha tenido resultados difíciles de lidiar. Una práctica paternalista que implica un "Yo sé mejor qué es lo que a ti te pasa y te diré cómo resolverlo" sin preguntar antes qué necesitas para resolver esa situación. Esto, ahora que lo reflexiono, tiene dimensiones muy variadas, desde el acompañamiento a una persona o una comunidad, por ejemplo.

A mí me gusta escuchar lo que las personas tienen para decir aunque no esté de acuerdo de entrada. Cuando reconozco mi resistencia trato de abrir mi cabeza porque me ayuda a comprender mejor que los conflictos no tienen dos efectos, buenos y malos, sino muchos matices en ello. Todo depende de las perspectivas. Cada quién ha contado cómo le fue en la feria, en pocas palabras.

Espero que cada vez podamos crear más sitios dónde escucharnos para comprender en lugar de sostener conversaciones acaloradas para defender celosamente nuestras ideas. Escribiendo esto entiendo más: esa necesidad de defender es por la necesidad de validación y reconocimiento que sentimos que nuestras ideas, en calidad personal (ego), merecen. Por eso duele y/o avergüenza que se rían de unx cuando comparte lo que piensa -y siente.

Reflexiones de una Sarita que lleva rato dándole vueltas al asunto. Que tengas un lindo día 🙂