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sábado, 22 de enero de 2022

Querido diario:

 No quedé en el doc y me siento genuinamente libre y contenta. Desde el día de la entrevista me trabajé mi duelo por lo que creí que quería, la desilusión de que ese programa no estuviera alineado por mis intereses y la necesidad de buscar otras formas de desarrollarme en mi momento inmediato. Doy muchas gracias a la universa por darme el rechazo que yo no quise dar cuando ocurrió esa entrevista y me dijeron que la implementación que yo tanto anhelo es imposible para su programa. Adaptarme a él hubiera sido como mutilarme y aunque me echaba ánimos para ponerme creativa y ver de qué forma podía hacerlo a andar, no lo sentía tanto como una motivación, sino como algo que no me llenaba. Sin duda es un programa respetable, pero no articulaba todos mis intereses fundamentales, entre ellos, especialistas en estudios literarios y la posibilidad de aplicar esa investigación. Habrán más convocatorias, más intentos y posiblemente más rechazos. Pero por ahora nos damos a la tarea de entrarle a otros sitios que me llaman la atención y donde creo que los efectos están más alineados a mis objetivos de hacer trabajo comunitario para poblaciones vulneradas. Honestamente dudaba sobre mi salud mental al comprometerme 4 años con una investigación que sentía muy cerca de mi otra investigación. Quiero permitirme aprender y poner oídos y ojos atentos a mi entorno para ver qué más propuestas salen. Nomás escribiendo para la colectiva me surgieron dos temazos, no sé si para doc, pero sí para artículos. La investigación prevalece en mí, pero ya no se trata de sentarme yo frente a mis libros y computadora y entablar diálogos con especialistas; me atrae más generar otros espacios que puedan beneficiarse de estos conocimientos. La revolución será feminista o no será, y quiero llegar hasta allá, donde existan mujeres de todos las edades, tamaños y colores con ánimos de cambiar estas realidades. 

En realidad abrí esta entrada para escribir sobre el rechazo y cómo eso me ha traído muchos beneficios. Una vez mi amiga M. me habló sobre esa parte de la que casi no se habla pero que también nos puede impactar de manera positiva. Y sí, lo creo. Yo sigo estando muy agradecida por todos los weyes que me han rechazado, tanto que ya aprendí a ver eso como favores que me hacen. En este sentido me había costado un poco más, varios días de ondeadez y tal, porque los estudios siempre han sido importantes para mí, así que el "no" en esta dimensión significaba más cosas. Por ejemplo, me sentí muy estúpida cuando terminé la entrevista y para mí ese es uno de los peores sentimientos. Me reprochaba por todo lo que pude haber dicho mejor, etc. Pero también me di cuenta de mis debilidades y esa capacidad de autocrítica es algo que necesito de manera permanente. A veces, pensaba ayer mientras corría, confundo a la niña interior que es como mi intuición y me jalonea una manga para que nos vayamos de los sitios donde no pertenecemos o saldremos lastimadas, y mi propio miedo que me impide hacer cosas que quiero. Es complicado discernirlas pero al menos ya distingo esas dos raíces que me vuelven consciente cuando tomo decisiones. So, me trabajé ese rechazo hace semanas y me convencí de que la negativa era la que quería, porque de haber resultado aprobada iba a tener que hacer algunas cosas que muy probablemente me orientarían a desertar. Lo intenté en este programa porque tenía todo para hacerlo en ese momento y porque los otros acababan de cerrar convocatoria. Sin embargo, desde el inicio sentía que era un poco forzado, solo que no sabía si era mi niña o mi miedo por moverme de lugar, en muchos aspectos. 

Quizá después siga escribiendo sobre esta idea. Por ahora, estoy animada. Hoy comenzamos el taller Nalle y yo en un centro de mujeres con adicciones. Estoy muy motivada :).

jueves, 20 de enero de 2022

F(r)icciones

Fusiones de experiencias estéticas literarias. Vamos a llamarle a eso F(r)icciones a eso que me ocurre de hallarme en palabras que no son las mías pero que expresan o vuelven inteligibles las emociones que alguna vez sentí pero que no traté de cristalizar. 

Leer La última niebla de María Luisa Bombal me hace revivir emociones de mi encuentro con L.  hace meses. Fue escrita hace 86 años y vino a describir un encuentro fugaz tan bello que nos siembra dudas sobre si ocurrió realmente, muy a tono con una experiencia de estética fantástica. Me remitió a otra lectura que tuvimos en la Circularia donde leímos a Amparo Dávila. Yo me fui de largo por empecinada a darle algún sentido a esos cuentos por medio del que lleva el nombre del cuentario, Árboles petrificados. Es un poco el mismo tema del amante y el amor, la memoria fugaz, la pasión, la imposibilidad y el paso del tiempo. En Bombal es más agrio porque nos invita a pensar una vida de mujer llena de silencios, donde la muerte estaba en la vida y, quizás, algo de vida encontró en la muerte. El cumplimiento de deseos afectivos y sexuales, quizás. En cambio, con Dávila es una memoria embellecida, como diría la Chayo Castellanos ("el recuerdo embellece lo que toca"), de los momentos compartidos con el amante.

Qué panoramas tan desalentadores cuando una se propone seguir. A mí me quedan bellas memorias que a veces revivo. Por ejemplo, me recuerdo feliz caminando por este parque el mismo día en el que nos despedimos en unos portales de una ciudad insospechada en el centro de este país. Pero como todo, se me va deslavando de los sentidos. He olvidado su olor -que me agradó- pero no el tono de su voz. Aún cuando lo pienso viene a mí una oleada cálida de afecto, como fueron sus abrazos. En fin, ese día fue difícil bajar de las nubes.

(As a whisper: Dos mujeres ya han descrito adelantádamente algunas emociones que tengo sobre ti.)


martes, 18 de enero de 2022

Querido diario:

Cuando era niña, una niña a quien yo quiero mucho me dijo que su mamá le había dicho que yo estaría muy bonita si no estuviera gorda. Yo me quedé en shock porque quizás fue la primera vez que alguien me decía que mi cuerpo estaba "mal" y no lograba descifrar el mensaje. No me había visto desde esos ojos nunca pero ese día, creo, empecé y me sentía mal por ello. Tenía alrededor de 10 años. Yo no le tengo rencor a esa niña que ahora es una adulta, en realidad ahora pienso en cómo a esa edad ya habíamos asimilado el mensaje de saber cómo era un cuerpo bello según nos dicta la hegemonía. Algunas cosas no salen de todas formas, porque años después me dijo cómo yo no sabía el sufrimiento que conlleva cumplir todos los estándares de belleza. ¿Está claro?

De niña tuve como compañera de escuela a una niña que no me caía muy bien desde que se empeñó en demostrar que su nombre era más bonito que el mío. Digamos que compartíamos el primer nombre pero el segundo era diferente. Yo le dije que estaba ok. Ella insistió e hizo una encuesta en todo el salón para terminar riéndose de mí y afirmar cómo ella tenía esa seguridad, verdad o certeza de tener un nombre más bonito que el mío. Yo sigo revisitando ese sitio en mi memoria y aún no logro comprender...

A veces recuerdo esos momentos y me duele en alguna herida que me acompaña sabiendo que eso que viví y que sigo reviviendo de otras formas pues en realidad estaba cargado de varias cosas. Entre ellas la gordofobia interiorizada, la resistencia hacia la hegemonía de la belleza, la búsqueda alternativa de vivir mi cuerpo en un mundo en el que me sentía cada vez más loca. Ahora celebro todas esas resistencias y trato de sanarme a mi propio ritmo con mucha autocompasión, autocuidado y paciencia. Empecé a aprender a quererme recientemente pero lo importante es iniciar, ¿no? Este tema me trae muchos temas y quizás ahora quise compartírselos porque comprendo que situarnos en el cuerpo nos muestra cómo esto nos atraviesa, nos lastima, nos mueve sitios emocionales y, vaya, nos hace vulnerables también.

Ese deseo de ser percibidas como "bonitas" también nos puede llevar a ejercer violencias de las que ni siquiera nos percatamos y pueden empezar desde bien temprano. ¿Qué hay del tema del poder en la belleza?, ¿seguiremos hablando?

viernes, 17 de diciembre de 2021

Por las abuelas no romantizadas ni románticas.

 -¿Volvería a casarse con él?- Inquirió el sacerdote frente a la conmovida audiencia eclesiástica congregada para la celebración áurea.

-No- Risas declaradas ante verdades incómodas que resonaron por todo el recinto. Sí, todos pensaron que ella bromeaba después de aguantar 50 años de convivencia diaria con un marido que insistió en inferiorizarla por su escasez de estudios escolarizados. Allá en ese pueblo del norte de Sinaloa, Navolato creo que le llaman, ella creció entre los campos agrícolas y el ganado. Aprendiendo y replicando las enseñanzas de lo que las personas con su sexo debían hacer en esa región. Legado cultural de corte patriarcal, diríamos fríamente con la distancia que el lenguaje académico de taxonomía tiene, nombrando como quien disecciona un animal Otro, extraño a la mismidad de las cosas, y que siempre puede ser colonizado.

Vaya regalo de quince años. Sí, en el mismo día del natalicio, 22 de diciembre, ella se unió espiritual y carnalmente a un hombre diez años mayor. En cada celebración de vida había un suspiro y un trago amargo por los otros 364, marcados diariamente por los escupitajos del hombre de iglesia y figura de decencia, que tuvo más hijos pero no con ella; que abusó de niñas en su sitio de autoridad escolar; que presumía en todos los sitios su impecabilidad moral con su familia, su trabajo y comunidad de la Iglesia. 

Por eso, cuando escucho los dolores de la abuela manifestados en rabia a sus 70 años, pienso que se está sanando de décadas de silencio. Por eso ella merecía ese momento de justicia para ella misma de denunciar públicamente su inconformidad con ese lazo, y todos lo recibieron con risas, aplausos y diciendo que qué ocurrente doña A., si don I. es un pan de Dios y además muy divertido. Escuchar a la abuela en sus recreaciones de momentos traumáticos me permite a mí cartografiar el pasado, no solo de ella sino de muchas otras mujeres de su tiempo. 

Ya casi es 22 de diciembre y esta es la primera vez que escribo sobre esto, pero este año me rondó la idea de hacerlo inteligible porque me acosaba en cada espacio en blanco de mis días. Vine aquí a confesarlo porque me duele en una parte de mi abuela que vive y resuena en mí: llevo su nombre pero construyo otra historia. Cuando pienso en esa voz colectiva de mujeres silenciada me lleno de rabia y siento que sus historias deben sobrevivir para que nosotras podamos aprender de ellas. Porque si ellas no tuvieron una reparación de daños, sino chingazos; no una pauta justa o una escucha atenta, sino amenazas de abandono y muerte; violaciones maritales en lugar de un abrazo cálido de quien se asume como protector y cuidador, pues entonces siento que nos toca a nosotras, porque comprendemos la lucha y resistencia que nos sigue persiguiendo en otras formas. ¿Podemos darle eso a las abuelas? Es decir, ¿la escucha atenta y la calidez de nuestro afecto o inventar la máquina del tiempo para reescribir esas historias?, ¿sería sanador reescribirlas con ellas?, ¿seremos nosotras y las futuras quienes construirán esas narrativas honrando la memoria de las que resisten estas imposiciones violentas? Nos queda construir espacios de aliento y paz entre las nuestras como refugio de la hostilidad inexorable del afuera...




domingo, 28 de noviembre de 2021

Kerido diario

 Estoy un poco melancólica. Llevo días pensando en la ambivalencia de sentires frente a la agencia sexual fincada en ideas feministas, pero que no quitan la persistencia de saberse o sentirse consumida por los vatos con quienes se tiene intercambio de placer.


¿Te fijas que empecé narrando en primera persona y luego me desasocié?

En efecto. Suelo luchar contra esas ideas que se agudizan semanas después de tener sexo "casual". ¿Es que es imposible que un vínculo persista después de eso? Y no me refiero a algo que lleve a la exclusividad sexual o afectiva, sino, quizás, como acto de trato digno. O quizás solo soy yo, esperando mucho del mundo, como siempre. 

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Querido diario:

Las estructuras profundas del patriarcado en mí se manifiestan cuando siento la necesidad de explicar que estoy haciendo algo. No solo para lxs demás, sino para mí misma. Ya en dos semanas presentaré mi examen de grado, estudio para ello a la par que preparo un nuevo protocolo de investigación. Acabo de terminar un artículo para una revista de la uni y envié otro para otra uni; me preparo psicológicamente para argumentar una solicitud de cambio en uno de mis textos para otra uni; practico francés por lo menos una hora diaria desde hace 22 días, es decir, desde que me operaron. Me siento más sola y más "productiva" (palabra que odio por estar en el campo semántico del capitalismo) que nunca. Al mismo tiempo estoy feliz de poder avanzar con mis propias herramientas intuitivas en el mundo y me siento afortunada de tener a mis mapás. Ayer, por ejemplo, fui con K. a ponernos la segunda dosis de la vacuna y, cinco minutos después de que me la pusieran, se me bajó la presión y tuvieron que llevarme en silla de ruedas con lxs paramédicxs. Resulta que desayunar avena con fruta es demasiado ligero para una mañana de vacunación. Me revisaron la glucosa, me pusieron el oxímetro, tomaron mi presión y me dieron un suero. Me hizo pensar de nuevo, en la importancia de las labores de los cuidados, sentirse vulnerable y dejarse llevar es cosa de otro mundo. Jamás me había pasado estar al borde de perder la conciencia con desconocidxs (K. estaba sentada relativamente lejos de mí pero pudo aproximarse). En fin, días desastrosos, a veces no le encuentro ni patas ni cabeza a esta vida que trato de construir. Incluso siento como si tratara de armarla con pastiches inútiles, como si fueran trozos de cinta en una tubería a punto de colapsar. ¿Así me siento? Quizás sí pero trato de convertir todo eso en algo que me dé un sentido de vida. 

martes, 10 de agosto de 2021

Recuerdos

En estos días viene a mí un flashback de la infancia. Es un recuerdo de los pocos que tengo y es significativo. 

Era enero del 2000 y yo me acerqué a mi profesor con mi cuaderno para preguntarle si era correcto escribir "del 2000" en lugar de "de" como hacíamos el año anterior cuando asignábamos la fecha. Ejemplo: "15 de diciembre de 1999". El profesor pensó por un momento y contestó afirmativamente.

Y bueno, el recuerdo es relevante porque es de los primeros que tengo que se relacionan con mi sensibilidad de lenguaje. O cuando paseaba en la parte trasera del auto de mi tía C. y leía todos los espectaculares porque acababa de aprender a leer. 

Solo, y afortunadamente quizás, recuerdo a buenxs adultxs en mi infancia. Pero ahora que leo a Mónica Ojeda, concretamente el cuento "Caninos", me hace sospechar de mi propia memoria. Es decir, si algo se esconde en el inconsciente que no me atrevo o no soy capaz de consultar... Incluso, quién sabe, podrían ser meras ficciones de mi memoria.


lunes, 2 de agosto de 2021

Querido diario:

Estoy pensando mucho en mis problemas con el ligue con hombres específicamente. Hoy estuve viendo algunos memes creados desde la experiencia de las mujeres en un tono sexual bastante afirmativo. Volvemos a las dualidades y a la cosificación de los varones a través de la sinécdoque pseudo cómica de valorarlos por su pene y que incluso propone una metonimia risible. Tema para otra entrada, si me da la gana. 

Vuelvo al punto. Mi problema central entonces es que yo no puedo ligar ni coquetear en los términos tradicionales porque todo es un juego de poder. Es ver quién resiste o cede más, quién gana y quién pierde, a la voluntad de quién estamos. Todo es una lucha de egos. Que si dices que sí a la primera eres una fácil, que si dices que no, estás haciendo perder el tiempo. Digamos que todo eso tiene un valor que solo habita en nuestra subjetividad individual pero no la creo tan desprolija de otros asuntos. Eso me recuerda a un tema sobre el que reflexioné en el pasado y que compartí también en este espacio. Creo que la siguiente pregunta lo sintetiza muy bien: ¿de qué sirve que las mujeres nos reapropiemos de nuestra sexualidad con mucha agencia y "empoderamiento" (como algunxs le llamarían), si los varones nos siguen percibiendo desde el policonsumo de cuerpos? Yo sé que esa percepción masculina no podemos cambiarla en la dimensión particular del sexo en una pareja heterosexual, pero me da para pensar entonces cómo gestiono mi sexualidad. Cuándo deben advertirme todas mis amigas de ser muy "fácil" porque no me "doy a desear", es decir, no me interesa  jugar los juegos del poder, ver quién tiene la batuta, quién demuestra más interés. Ejemplos: quién saluda primero a quién, quién propone un encuentro primero, cuánto tiempo debes esperar para contestar un mensaje, cómo debes vestirte en esas citas, qué se supone que esperes en encuentros posteriores. Qué hueva tantas reglas en un juego ambiguo donde, además, es ultra evidente la pretensión estúpidamente velada por hacerse lxs desinteresados, lxs que no quieren nada serio, lxs que ni siquiera hablan de lo que quieren ni en el sexo ni en otra clase de vínculo afectivo. 

¿Por qué los hombres cuando las mujeres nos insinuamos sexualmente sienten el miedo y la necesidad de aclarar que no quieren que una se enamore de ellos? Pues porque la sexualidad femenina siempre ha estado relacionada estrechamente con el amor. Es decir, solo la ejercemos cuando estamos enamoradas de alguien, según dicta la tradición y la moral imperantes de raíz profundamente patriarcal. Parece imposible imaginar aun en la actualidad que una quiera tener sexo por el mero placer de tenerlo con quien una quiera, cómo una consienta y cuando una lo desee. Desde mi trinchera ya trato de desdibujar esas narrativas pero siguen estando ahí, en el subconsciente del imaginario social. Es difícil, muchas veces, ir contracorriente pero, al menos para mí, no hay otra forma de transitar estos cauces de la existencia.

sábado, 29 de mayo de 2021

Querido diario

 Estoy menstruando. Es una novedad porque han sido meses difíciles de menstruación. ¿Cómo podría saber si esto me ha afectado al grado de ponerme emotiva o es que la realidad en sí me da para eso? En breve: se cierra el ciclo.

S. estuvo aquí unos días y hoy se fue. Su compañía vino a desempañarme un poco el vidrio de los ojos que me urgía limpiar. Eufemismos para animarme a llorar otro poquito más. S. me escuchó como el buen amigo que siempre ha sido; me acompañó en la cumbre del estrés y celebró mis logros conmigo. Su presencia ha sido un regalo de la universa porque en verdad lo envió cuando más necesitaba a un amigo cerca, uno de esos que me han visto crecer en los últimos años y que de alguna forma nunca ha desaparecido. Lo quiero un montón. Platicamos mucho cuando se pudo y me siento feliz de poder compartir este fragmento de mi vida con él. Hace que todo sea más fácil en la urdimbre de mi cabeza. Nomás de pensarlo ya empiezo a llorar otra vez. 

Hablamos y le conté todo de golpe, todas las emociones y me escuchó con interés; contuvo mi hate, mi amsiedad, mis frustraciones y sonrió con mis alegrías. Le conté cómo siento que esto es algo injusto: el evento caótico cada fin de semestre desde hace un año... Le dije que ahora que he terminado la maestría y se suaviza la loquera necesito reunir mi buena energía para la cirugía. Él me recordó que la universa se equilibra cuando dejamos unas cosas por otras: para que algo nuevo venga, algo debe morir. Pensé, claro, un ovario es el peso de mi título de maestría; un ovario es el precio del ahorro de mi beca. Me quedo en 0, de nuevo, como quizás un recordatorio para esforzarme aún más por lo que quiero. Pensarlo de esa manera me hizo sentir que me movía del estancamiento o de la sensación de atrofio...

Así que bueno, después de días largos de desvelo, cansancio y estrés, hoy por fin podré dormir sin despertador.

lunes, 26 de abril de 2021

Manías profundas

 Comienzo a pensar que si de niña comía jabón quizás era para limpiarme por dentro. Últimamente han vuelto esas ganas de meterme a la boca un poco de ese jabón humedecido que huele tan bien cuando lo uso para lavar mis manos. Y eso coincide con mi necesidad de higienizarme por dentro para que todo vuelva a la normalidad en esta dimensión individual y corporal.

martes, 13 de abril de 2021

Soundtrack de esta temporada. Un mix remarkable de este año.

Quién sabe cuántas veces he pulsado re play a este mix. Me imagino en la terraza de mi antigua casa en Guanajuato, fumando un cigarrito y echándome una caguama, con mis lucecitas de colores rítmicas y bailando en calzones. ¿Así o más plástica la ilusión? 


Poolside My Love 
Pero estoy aquí, en aislamiento en mi cuarto por una alergia enfadosa y unos síntomas que podrían anunciar que habita en mí ese virus tan popular. Bueno, varios. Pero no hay certezas en este momento, sólo malos trips. La música es medicina espiritual; al menos me hace trasladarme a otros tiempos y espacios intermitentemente más felices, sólo por vivir en la memoria porque "el recuerdo embellece lo que toca" (R. C). 

domingo, 11 de abril de 2021

Miedo #2132343241

Terminar hablando un lenguaje que nadie más comprenda.

Pero en términos estrictos, ¿acaso no es eso lo que ocurre diario? , ¿crear esfuerzos por construir puentes comunicativos con la ilusión del entendimiento mutuo?

Quizá Rayuela sí me jodió tantito la cabeza; es decir, creo un intersticio subjetivo desde donde todo puede parecer posible, quizá sería ambicioso decir que es alógico aunque probablemente lo sea. Un espacio en lo que todo es y ya está. 

lunes, 5 de abril de 2021

Kerido diareo,


En las últimas semanas he mencionado que tengo un pacto patriarcal con unas morras. Lo he llamado así aunque en realidad es una parodia del mismo. Es decir, desde la prepa nos reímos de la figura del machito repulsivo que vemos en nuestros contextos.  Incluso caigo en cuenta de que nos hemos apropiado de lo que Butler llama la performatividad queer, que es "la fuerza política de la citación descontextualizada de un insulto homofóbico y de la inversión de las posiciones de enunciación hegemónicas que esto provoca". De manera ñoña percibo que ahí es donde precisamente radica lo cómico de todo esto, de sentirnos capaces de reírnos de las palabras que se han integrado en los vocabularios para ofender a otras personas por salir de los parámetros de la normalidad (whateverthatmeans).

No es de extrañar que muchos de esos insultos los hayamos recibido en algún momento pero no sé, siento que hay un mecanismo de despolitización inverso del insulto cuando hacemos esto de la performatividad queer. Qué va, es reírnos de nosotras mismas y en ese proceso nos resignificamos algunas heridas emocionales. Hasta siento que de repente lo llevamos demasiado lejos que para cualquiera que no esté familiarizadx con ese lenguaje podría resultar incómodo, ¿imaginan la anormalidad riéndose de su misma condición?, ¿será demasiado cursi decir que resulta terapéutico? 

Me encantan estos espacios en los que aún podemos jugar con todo, como un micro lugar carnavalesco de códigos suspendidos que tampoco comprometen nuestro habitar regular por el mundo. Me da miedo a veces perder mi capacidad lúdica. La neta sin eso mi existencia no tendría sentido, si dejamos de reír (o cualquier otra actividad inventiva), ¿qué nos queda?

Es todo, amikes. Reflexiones random de una morra random.

Pd. A veces me pregunto si será una forma de hacer drag king.

bai

miércoles, 24 de febrero de 2021

De la amsieda en la cuerpa

 Estoy leyendo a Braidotti. Sí. En otra ventana de mi computadora. Mientras la leo trato de encontrar apuntes que me ayuden con mi discusión teórica de mi tesis, por lo tanto, pienso en adolescentes mientras leo... pero las subjetividades adolescentes que pude recopilar a través de mi proyecto. Pero también en mí. Pienso en esto que señala Braidotti acerca de que su documento se propone más entender el qué queremos ser en lugar de aseverar qué somos. Me parece importante porque me hace pensar que esas preguntas ya no parecen tener lugar a cierta edad, es decir, como si en los gestos interrogativos hacia las infancias o adolescentes sólo tuviera una validez porque aún no son nada o son personas con potencia de desarrollo. Esa mirada adultocéntrica nos sitúa entonces como si nosotrxs, quienes ya tomamos ciertas decisiones formativas en la vida, ya sea académicas o laborales, como sea, ya no deberíamos plantearnos qué queremos seguir siendo. Me parece preocupante. Es en realidad como una falsa caída del telón de la vida. Aquí no se acaba, aquí se sigue poniendo interesante a partir de la autonomía y conocimientos del mundo obtenidos, en algunos casos. 

En fin, me remitió a mi Yo adolescente. Memoria que trato de evadir un poco porque me daba miedo que se atraveSara en mi discurso. Pero ahí está. La viva muestra está en la antepenúltima oración. Aquí estoy yo con mi subjetividad y mi experiencia irremediablemente. Pero bueno, decía que me causó algunas reminiscencias: la amsiedá del futuro expresada en varios momentos; el estrés del desorden que era mi vida en ese tiempo. Comía jabón en la pubertad. Tuve un éxtasis por los rábanos con limón y chile. Pero en la adolescencia, rayos, me arrancaba el cabello, uno por uno en un gesto casi compulsivo y disimulado, según yo. Tuve que disciplinarme por el miedo a quedar calva. Ahora, años después, más de una década, más bien mi cabello se cae cuando hay estrés. Aún no sé qué quiero ser, estoy expectante de todo esto que soy y que mañana no seré del todo. Estamos fluyendo, sí... 

sábado, 13 de febrero de 2021

De los daños colaterales de tu empute

Hay frío en mis extremidades y 

demasiado calor en mi cabeza,

y encono en el corazón.

A veces yo también quisiera que la teoría fuera más práctica,

que saber y reconocer las actitudes que nos dañan 

tuvieran una condición de desvanecimiento tan sólo al pensarlas.

La varita mágica del dolor.

Estoy cerca de un ciclo de violencia

que lastima 

como el humo del tabaco a quienes lo fuman 

de manera pasiva

Inhalando el odio

exhalándolo con ánimo de despojo

pero conteniendo siempre algo, aunque sea poco.

Acá lo temible de ser imán de emociones,

es difícil existir con sensibilidad sabiendo que algo va a pegar.

Hondamente

Superficialmente

Mordazmente

Sólo trato de prestar ojos atentos al cultivo

cortar los brotes del odio violento, patriarcal,

para que las hierbas de frescura sanadora tengan más lugar. 

sábado, 6 de febrero de 2021

Querido diario:

Me siento afortunada de contar con la presencia física y simbólica de muchas amistades que he cultivado con los años. Hace unos días pensaba en cómo he cambiado de un tiempo para acá. No hay fecha exacta, sino ciertas memorias epifánicas que me ayudaron a ver las conductas disruptivas aunque benéficas sobre mis relaciones con el entorno. Agradezco a quienes se han mantenido cerca de mí, aunque en ocasiones no haya sido la más amable ni la más políticamente correcta. He creado, indiscutiblemente, narrativas que me multiplican; a veces es impactante que me cuenten historias de mí que no recordaba y que de primera instancia siento lejanas a las intenciones de mis actos. Por lo tanto, pensaba en las situaciones que nos detonan ese carácter más desbordante, el opuesto a la mesura en una sociedad que se rige por máscaras y apariencias en muchos sentidos. Señalarlo no me exime de estas prácticas, sólo expone que me siento consciente hasta cierto punto de está situación y con ánimos de revertir y prevenir heridas emocionales que haya podido ocasionar sin pretensión alguna, consecuencia de algún desborde o falta de empatía, entre otras cosas quizás de mi imperfección humana.

Cada vez trato de reconciliarme más con mi intensidad, canalizarla a manera de una ternura radical, sentirnos y  validar nuestras emociones, sobre todo para nosotrxs mismxs. Es difícil llegar a eso porque demanda la confrontación, ya sea con otrxs o con una misma, y aunque esto puede ser doloroso también puede permitir un crecimiento hacia otras zonas de la existencia. Esta idea me ha provocado maratones mentales fatigantes y a la vez interesantes. A veces siento que doy un paso hacia adelante en esto y luego retrocedo dos. Cada ocasión en la que escucho o leo el "no es para tanto, déjalo pasar, estás intenseando" etc., me detona ondeadeces más insoportables. Habrá que seguir buscando formas de expresar las emociones de maneras más inocuas para nosotrxs y lxs demás, sin desvalorizar sus motivos para presentarse. Sin embargo tampoco tengo resuelto un protocolo de acción para acompañar porque, supongo, depende de las necesidades emocionales de cada persona y los niveles o términos de la responsabilidad afectiva. Es un tema al que entro a tientas, como cuando me relaciono con cualquier persona, así que no pretendo tomar aquí la batuta de la psicología, quiero dejarlo claro, sólo pienso y escribo desde la inferencia y la atención que he puesto a mi alrededor.

En una sesión de clase, Fabián indicó algo que encontré muy atinado, aunque lo diré con mis palabras (si no fue en este sentido y lees esto, por favor, coméntalo): sustituir los adjetivos "fragilidad" y "debilidad" por vulnerabilidad. Sensación que, sospecho, todxs hemos experimentado en algún momento. Creo que apropiarnos y revindicar los sentidos de esta vulnerabilidad podría tener algún efecto en cómo nos dirigimos y apoyamos a las personas que se encuentran en esta condición, incluyéndonos en ello.

En fin, un tema que da para una charla de desvelo o muchísimas, pero lo escribí, como siempre, pensando en compartirlo por si a alguien le resulta útil y como efecto insoslayable de una ondeadez acumulada.

Les mando amor 

domingo, 3 de enero de 2021

Querido diario:

Pienso. 

Ideas ya fatigadas corren maratones sin sentido en mi cabeza, gestación de la ondeadez en el insomnio o el reloj interno trastocado. 

Pienso. 

Alguien me envió un meme con la intención de hacerme reír. Así fue, pero como daño colateral también me hizo reflexionar sobre la experiencia estética que algunxs, como yo, anhelamos compartir. Dijo que no intelectualizara todo. Contesté que a veces mi cabeza va más rápido de lo que quisiera. Siento.


¿Ya les dije que soy ansiosa?


De las cogidas esporádicas

Sigo cogiendo con la misma persona a través de diferentes cuerpos. Casi se cristaliza uno solo. Quizás de todos los retazos pueda armar un cuerpo competente para mis necesidades. Pero para armar un cerebro que deleite necesitaré muchos más; he encontrado algunos fascinantes pero inalcanzables físicamente. No hablaré del corazón por ahora.

Ya me estoy cansando de los encuentros esporádicos sin acuerdos firmes. Ya me estoy cansando de mis ansiedades. Pienso que mis ansiedades también son fatigantes para lxs demás y por eso me las reservo. Siento que la reserva me distancia e impide el diálogo. Pienso que es un problema; a veces siento que no es para tanto. No siempre estoy de acuerdo conmigo misma o las multitudes que me habitan. Me siento en el juego de ajedrez sabiendo que es una partida estilo speed pero en la que no resuelvo la estrategia del movimiento. Pensarlo así me parece un tanto belicoso. Estragos, quizá, de experiencias pasadas. ¿Tú crees?

jueves, 13 de agosto de 2020

¿Por qué leer a mujeres?

 Escribir es lo único que me ha sujetado con una relativa cordura. Es decir, ya sé que estoy loca, pero disimulo mi caos; algunas veces con más éxito que otras. Sin embargo, eso siempre se asoma, se me escurren los destellos de locura en la mirada, en los suspiros y, sobre todo, siempre, en las palabras cuando siento dentro una flamita incentivada.

Hoy me siento loca y escribo. Hago esto para desenredar la urdimbre de ideas, o pactar el sueño por las noches se hace aún más difícil. Me creo una red abstracta para recoger esas ideas, concretarlas a través de palabras porque, ¿qué más es la realidad sino la evocación de la misma? Ejercicio dialéctico de lo que se produce en la mente y nos atraviesa el cuerpo hasta darle alguna forma, algún sonido.

Estuve pensando en la clase de hoy sobre los criterios que intervienen para dar una clase de literatura. Mis posiciones feministas me han hecho tener un rencor y resistencia hacia el canon que ha sido androcéntrico. Entiendo que puedan darse las lecturas de maneras diferentes porque los tiempos han cambiado y, en breve, cada sujetx tiene su subjetividad; o sea, las interpretaciones van a ser distintas en tanto que nosotrxs diferimos en experiencias. Habrán coincidencias y diferencias, pero no creo que sintamos lo mismo al enfrentarnos con una obra; esa tarea sería bastante difícil de explorar. 

Pero bueno, hablábamos de las tecnologías del género en un texto de Teresa de Lauretis. Hablábamos de la Mujer como ficción y bien, no sólo la Mujer, sino las categorías de lxs sujetxs generizadxs.Entonces F. mencionó el ejemplo de las clases de literatura y cómo él enseña textos clásicos a sus alumnxs de secundaria. Yo inmediatamente recordé al profe Pancho en alguna de las hermosas clases de didáctica de la lengua y la literatura, donde nos borró de golpe la cuestión de cómo enseñar literatura. Recordaba aquellas conversaciones pretenciosas de pasillos, pensar en que obligadamente todo el mundo debería de conocer el canon. Era una Sara más joven y más crédula; después de esa clase comprendí que las maravillas de la Literatura también tienen que ver con una adecuación del ojo, hay un disfrute distinto cuando hay una formación de lectura analítica-crítica. Por ejemplo, si yo hubiera leído Rayuela a los 15 seguro hubiera aventado la novela a la segunda página; o quién sabe, quizá la haya leído toda pero me hubiera perdido de un montón de elementos ingeniosos en la ejecución narrativa a los que pude apreciar bastante cuando la leí casi al término de mi carrera. Ojo aquí: no digo que deben estudiar literatura para disfrutar las obras, a final de cuentas cada experiencia lectora y, por ende, también estética a través de este ejercicio, es meramente personal.


Vuelvo: repliqué a propósito del comentario del compañero pues que mis ideas de selección de textos sería integrar mujeres en un programa de lectura no pensando que con eso ya salvamos al mundo del patriarcado y que ahora sólo se lean a mujeres. La visión androcéntrica está en todos lados, pocas escritoras son conocidas y leídas, por eso pienso que para la circunstancia actual me importaría un pepino que se me tachara como maniquea, como si la propuesta de un ginocentrismo literario fuera a repercutir en un sesgo de realidad. Imposible. Pero creo que es un pequeño acto que les debemos a la genealogía femenina: reconocer las condiciones de desigualdad social, económica y material en las que las mujeres han escrito a través de los siglos; un desafío tremendo. No imagino las dificultades incluso para poder ser publicadas y cuántos "anónimos" en la historia realmente llevan detrás un nombre de mujer.


Recuerdo de Cecilia: Hace como un mes fui a verla a su dpto en el centro de Qro. Hizo un comentario contundente que admiro bastante: "Yo no leo a las mujeres porque tengan vulva, leo a las mujeres porque ESCRIBEN BIEN"; uno más: "que el patriarcado existe, ESO NO TE LO NIEGO. Pero, ¿qué vas a hacer para mejorar tu condición en este sistema?". Y eso me encantó, me pareció un comentario desafiante. Ya me estoy cansando de los discursos dentro de los feminismos que replican la supuesta inferioridad femenina. Sí estamos jodidas en esto que parece un laberinto patriarcal pero, ¿nos damos contra la pared o abrimos una brecha entre las bardas?