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jueves, 20 de junio de 2024

De la violencia sexual

 Justo ahora estoy haciendo unas capacitaciones sobre protocolos en instituciones de salud pública frente a usuarias que son víctimas de algún tipo de violencia. Sobre todo la violencia sexual.


Entonces leo y me surgen distintas emociones, pero también recuerdos.


Por ejemplo, recuerdo los abusos y cuando me salvé de ser violada en un callejón, aunque parezca increíble.

Primera. En el bus

Tenía dieciséis. Iba en el transporte público. Esa ruta me dejaba a una calle de mi casa y lo tomaba para volver de la escuela. Un señor mayor se sentó a mi lado. Yo estaba del lado de la ventana. Por lo común ponía mi mochila en mis piernas, así que el peso de algo en ellas no era extraño para mí. Pero empecé a sentir presión y lo primero que hice fue intentar disociarme: esto no me puede estar pasando a mí mientras seguía viendo por la ventana. Fue cuando sentí su intención de ir más hacia adentro de mis muslos cuando grité "¡Señor, me está tocando la pierna!" y él solo respondió "Perdón, mijita, no me di cuenta". Por supuesto nadie dijo nada y yo tuve que viajar otros 20 min. a su lado. Cuando iba a bajar del bus, le pedí que se moviera y solo se giró. Le dije que no podía pasar por ese espacio y se levantó. O en mi cabeza así fue. Llegué a casa y le conté a mi mamá. Me dijo que no volvería a irme en un camión, que ella iría por mí. Pero fue ahí cuando entendí que ese gesto de violencia al mismo tiempo me estaba limitando de usar el espacio público. Y me enojé. Mucho. Por eso decidí apropiarme de él, hasta que pasaron otras cosas...

Segunda. En su casa

Tuve un amigo en una ciudad en la que se sentía muy solo. Acababa de divorciarse. Tenía como 25 años, él; yo, 21. Decidí pasar una noche con él porque era mi amigo y quería que se sintiera acompañado. Jamás pensé que mientras yo lo consolaba sin ninguna intención sexual, él pensara que abrazarlo mientras lloraba fuera una invitación a besarme y a tratar de masturbarme. Yo solo recuerdo estar en shock. Y, de nuevo, esa necesidad de disociarme: no me puede estar pasando a mí. Además de pensar en muchas cosas más, como que estaba en una ciudad desconocida con la única persona que creí que podía confiar. Estaba sola, sin ningún lugar a dónde correr. Era más de medianoche. Tenía miedo. Estaba paralizada. Pasaron unos minutos mientras él me seguía besando, hasta que se dio cuenta de que no había respuesta y entonces me pidió perdón y llorar por "ser un estúpido". Ya no le volví a hablar.


Tercera. El callejón

Volvía de la fiesta. Vivía en una ciudad de callejones. Era tarde. Siempre que me metía a un callejón volteaba con frecuencia hacia atrás. Ese día me pasé de copas y solo quería mi cama. No escuché ningún ruido. Metí la llave en la cerradura, estaba a pasos de mi cama. Mi mano fue capturada por la de él. Me empezó a jalar hacia él. Jamás dijo una palabra. Solo insistía en jalarme hacia él. Yo tuve que pensar rápido con todo y la borrachera que traía encima. Comencé a decirle "Suéltame, no va a pasar" repetidas veces. Decidí no gritar por miedo a que se pusiera violento y ahí sí, ni qué posibilidad de salvarme. Insistí en el "Vete a dormir, no va a pasar" hasta que decidió soltarme y se fue. Así, como si nada. Yo entré a mi casa y lo primero que hice fue vomitar. No recuerdo su cara, ni al día siguiente ni ahora, 6 años después. Pero a veces me pregunto: ¿cómo habrá sido el día siguiente para él?, ¿habrá creído que lo soñó?, ¿o se habrá dado cuenta de que intentó a violar a una chica en un callejón?


viernes, 6 de enero de 2023

De la solitude

 La mayor parte del tiempo la he querido, la quiero, la necesito. Pero hay días en los que me hallo preguntando: "¿quieres ir por un café?, ¿quieres que te llame?, ¿quieres que nos veamos". La pregunta dirigida hacia otra persona cuando quien quiere eso realmente soy yo cuando evado esta soledad. Me puse melancólica y escucho:


"With a hole in my head I looked for you

Through the trenches of war the whole way through

My desire to leave with you I just can't constrain

Regret everything I've done so far

When the pillars of love are all blown apart

And I stumble through the rubble and decay

When I'm terrified I close my eyes

When I'm sad and blue I choose to fight

Heartbreak can only take me to the other side

My impression of you is hard to comprehend

When two people have no time to spend"


"With my whole heart for my whole life" was written.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Kerido diario

 Estoy un poco melancólica. Llevo días pensando en la ambivalencia de sentires frente a la agencia sexual fincada en ideas feministas, pero que no quitan la persistencia de saberse o sentirse consumida por los vatos con quienes se tiene intercambio de placer.


¿Te fijas que empecé narrando en primera persona y luego me desasocié?

En efecto. Suelo luchar contra esas ideas que se agudizan semanas después de tener sexo "casual". ¿Es que es imposible que un vínculo persista después de eso? Y no me refiero a algo que lleve a la exclusividad sexual o afectiva, sino, quizás, como acto de trato digno. O quizás solo soy yo, esperando mucho del mundo, como siempre. 

lunes, 2 de agosto de 2021

Querido diario:

Estoy pensando mucho en mis problemas con el ligue con hombres específicamente. Hoy estuve viendo algunos memes creados desde la experiencia de las mujeres en un tono sexual bastante afirmativo. Volvemos a las dualidades y a la cosificación de los varones a través de la sinécdoque pseudo cómica de valorarlos por su pene y que incluso propone una metonimia risible. Tema para otra entrada, si me da la gana. 

Vuelvo al punto. Mi problema central entonces es que yo no puedo ligar ni coquetear en los términos tradicionales porque todo es un juego de poder. Es ver quién resiste o cede más, quién gana y quién pierde, a la voluntad de quién estamos. Todo es una lucha de egos. Que si dices que sí a la primera eres una fácil, que si dices que no, estás haciendo perder el tiempo. Digamos que todo eso tiene un valor que solo habita en nuestra subjetividad individual pero no la creo tan desprolija de otros asuntos. Eso me recuerda a un tema sobre el que reflexioné en el pasado y que compartí también en este espacio. Creo que la siguiente pregunta lo sintetiza muy bien: ¿de qué sirve que las mujeres nos reapropiemos de nuestra sexualidad con mucha agencia y "empoderamiento" (como algunxs le llamarían), si los varones nos siguen percibiendo desde el policonsumo de cuerpos? Yo sé que esa percepción masculina no podemos cambiarla en la dimensión particular del sexo en una pareja heterosexual, pero me da para pensar entonces cómo gestiono mi sexualidad. Cuándo deben advertirme todas mis amigas de ser muy "fácil" porque no me "doy a desear", es decir, no me interesa  jugar los juegos del poder, ver quién tiene la batuta, quién demuestra más interés. Ejemplos: quién saluda primero a quién, quién propone un encuentro primero, cuánto tiempo debes esperar para contestar un mensaje, cómo debes vestirte en esas citas, qué se supone que esperes en encuentros posteriores. Qué hueva tantas reglas en un juego ambiguo donde, además, es ultra evidente la pretensión estúpidamente velada por hacerse lxs desinteresados, lxs que no quieren nada serio, lxs que ni siquiera hablan de lo que quieren ni en el sexo ni en otra clase de vínculo afectivo. 

¿Por qué los hombres cuando las mujeres nos insinuamos sexualmente sienten el miedo y la necesidad de aclarar que no quieren que una se enamore de ellos? Pues porque la sexualidad femenina siempre ha estado relacionada estrechamente con el amor. Es decir, solo la ejercemos cuando estamos enamoradas de alguien, según dicta la tradición y la moral imperantes de raíz profundamente patriarcal. Parece imposible imaginar aun en la actualidad que una quiera tener sexo por el mero placer de tenerlo con quien una quiera, cómo una consienta y cuando una lo desee. Desde mi trinchera ya trato de desdibujar esas narrativas pero siguen estando ahí, en el subconsciente del imaginario social. Es difícil, muchas veces, ir contracorriente pero, al menos para mí, no hay otra forma de transitar estos cauces de la existencia.

lunes, 7 de junio de 2021

¿Deseos?

Soñé con M. por segunda vez. Nos soñé en su casa materna que no se parecía del todo pero sí se sentía igual. Escuchaba la voz de la letra silenciosa acercándose con su elocuencia característica, pero no lo veía. Se detenía en el umbral de la habitación y yo tranquila. M. le contaba de un nosotrxs que para mí no existe y yo me reía con desconfianza, pensando en qué tramaba. Comenzaron a discutir pero no recuerdo palabras como tal; no sé si había enojo o valinez, creo que fue más una mezcla de ambas emociones. Yo estaba alegre y desconcertada. Pura paradoja, inverosímil, creo. Luego desperté. A veces me pregunto por qué M. ya no me escribe, supuse que éramos amigxs pero veo que el sexo cambia todo; además fue un sexo con feeling, al menos para mí. En fin, ya no le voy a preguntar nada a ese pasado.

lunes, 5 de abril de 2021

Kerido diareo,


En las últimas semanas he mencionado que tengo un pacto patriarcal con unas morras. Lo he llamado así aunque en realidad es una parodia del mismo. Es decir, desde la prepa nos reímos de la figura del machito repulsivo que vemos en nuestros contextos.  Incluso caigo en cuenta de que nos hemos apropiado de lo que Butler llama la performatividad queer, que es "la fuerza política de la citación descontextualizada de un insulto homofóbico y de la inversión de las posiciones de enunciación hegemónicas que esto provoca". De manera ñoña percibo que ahí es donde precisamente radica lo cómico de todo esto, de sentirnos capaces de reírnos de las palabras que se han integrado en los vocabularios para ofender a otras personas por salir de los parámetros de la normalidad (whateverthatmeans).

No es de extrañar que muchos de esos insultos los hayamos recibido en algún momento pero no sé, siento que hay un mecanismo de despolitización inverso del insulto cuando hacemos esto de la performatividad queer. Qué va, es reírnos de nosotras mismas y en ese proceso nos resignificamos algunas heridas emocionales. Hasta siento que de repente lo llevamos demasiado lejos que para cualquiera que no esté familiarizadx con ese lenguaje podría resultar incómodo, ¿imaginan la anormalidad riéndose de su misma condición?, ¿será demasiado cursi decir que resulta terapéutico? 

Me encantan estos espacios en los que aún podemos jugar con todo, como un micro lugar carnavalesco de códigos suspendidos que tampoco comprometen nuestro habitar regular por el mundo. Me da miedo a veces perder mi capacidad lúdica. La neta sin eso mi existencia no tendría sentido, si dejamos de reír (o cualquier otra actividad inventiva), ¿qué nos queda?

Es todo, amikes. Reflexiones random de una morra random.

Pd. A veces me pregunto si será una forma de hacer drag king.

bai

martes, 11 de agosto de 2020

¿Qué hago con esta rebeldía?

¿Qué hago con mi rechazo al miedo, 

con mi negación a ser indiferente?

¿Qué hago si mi reacción dista de contenerme

y agachar la cabeza frente a autoridades,

llámense cerdos, llámense padres?

¿Qué hago si la flama en mí se agita

cuando veo la injusticia?

¿Qué hago si mi sentir no se apacigua, 

sino que me revienta y me lleva a la acción instintiva?

¿Qué hago ante mi incapacidad

de mantener el equilibrio 

a veces, o casi siempre, quizá, 

de las vísceras a la racionalidad?


¿Qué hago con ese miedo que no tengo,

o que me rehúso a ponerle un nombre,

o un cuerpo, sobre todo si fuese de hombres?




martes, 2 de junio de 2020

La relación entre los hombres y los feminismos en 2020

Lo prometido es deuda: por fin escribí mi ensayo pendiente sobre este tema para mi entrega final del curso de masculinidades. A continuación lo expongo y les dejo la versión PDF dando clic aquí.

Edit [27.01.2022]:  Como humana que soy, crezco, reflexiono, escucho y me sigo construyendo, así que reelaboré esta discusión en mi artículo "Relaciones de las masculinidades desde y con los feminismos", publicado por la revista REDESS.







La relación entre los hombres y los feminismos en 2020
Por Sara Alicia Aguirre Mumulmea


Introducción
Actualmente la etiqueta o adopción del feminismo como una identidad oscila entre lo políticamente correcto y el rechazo absoluto. ¿Qué implicaciones sociopolíticas tiene el hecho de enunciarse como feminista para hombres y mujeres, respectivamente?, ¿cómo vamos a validar nuestras posturas?, ¿validarlas para quién?, ¿a través del feministómetro de quién?, ¿desde qué lugares atravesados por nuestras circunstancias nos legitimamos políticamente? Anuncio desde ahora que no me propongo responder estas preguntas, sino plantearlas en todas sus dimensiones  retóricas, extraerlas de diferentes discursos y discusiones como un punto de partida para el documento que ahora lees.
     No me interesa establecer una preceptiva acerca de quiénes pueden autodenominarse feministas y quiénes no, ni conozco el lugar donde se emiten tales credenciales. En cambio, propongo algunos aspectos que considero importantes de tener en cuenta para conversar sobre la relación actual entre los hombres y los feminismos.
     Por lo tanto, el interés de escribir este texto (además de ser trabajo final del curso de masculinidades) se centra en una reflexión individual donde hay más preguntas que respuestas como estudiante de un posgrado en estudios de género. Por ello también me parece importante comprender el ambiente donde se genera la violencia machista.

Primera consideración: ¿Cómo se construye la violencia en la socialización masculina?
En el documental ¿Qué coño está pasando? (2019) la socióloga Cristina Hernández comenta: “La violencia es un problema de los hombres. No es un problema de las mujeres. Es un problema de los hombres que sufrimos lamentablemente las mujeres”. Es cierto que aún no llegamos al mundo idílico de experimentar una vida distanciada del patriarcado, pero cada vez somos más quienes nos sumamos al reto de reconstruirlo a través del desaprendizaje y el cuestionamiento hacia esa estructura. Sin embargo, mi interpretación sobre el comentario de Hernández se refiere a que la socialización masculina y/o el aprendizaje del devenir hombre están también estrechamente vinculados, en términos de Kaufman (1989),  con la tríada de la violencia masculina efectuada contra las mujeres, contra sí mismos y contra otros hombres. Hacia las primeras es por la asimilación de un sistema machista, de superioridad de los hombres respecto de las mujeres; hacia sí mismos por la automutilación y represión emocional, por esa ansiedad de mantenerse fuertes y firmes ante las adversidades y los dolores aunque eso ponga en riesgo su salud integral; y contra otros hombres en la competencia incesante que les reclama el mandato de masculinidad. Aquí podemos ver claramente cómo se cumple lo que en términos de Bordieu (2000) es la paradoja de la doxa: que los hombres son víctimas y, a la vez, se erigen como sus propios victimarios al infligirse violencias en pos de la perpetuación de un sistema desigual que promete mantener sus privilegios pero, ¿a qué precio?

Segunda consideración: ¿cómo y desde dónde analizamos el privilegio de la masculinidad?
Si bien se trata de un hecho indiscutible que los mismos hombres, como sujetos políticos, son quienes se han encargado de configurar el orden social desde hace siglos y por lo tanto su victimización puede resultarnos paradójica, entonces una no hace más que preguntarse: ¿dónde están las maravillas del trono patriarcal? Hago esta pregunta a la par que reconozco la otra cara de la moneda: la expresión más sublime del machismo, aquella que se sostiene de la subordinación y sumisión de las mujeres. Sabemos que estos casos han existido y nos acompañan en nuestra actualidad pero, con una mirada de mayor escrutinio hacia la constitución del sujeto masculino, me surgen reflexiones sobre desde dónde se erige ese privilegio, de esta manera relativizo y me desborda el absurdo del sistema patriarcal.
     Segato (2020) comenta: “los varones son las primeras víctimas del mandato de masculinidad […] y una estructura jerárquica como es la estructura de la masculinidad. Son víctimas de otros hombres, no de las mujeres” (s.n.). Según la antropóloga argentina, esta situación entre pares se debe más a la precariedad de la vida que los ha dejado impotentes para conseguir lo que constituye un pilar importante para sostener su virilidad de acuerdo con el sistema capitalista imperante: el trabajo y el éxito. Según el documental The mask you live in (2015) la idea del éxito asociada con el dinero es una de las mentiras que creen los niños en EEUUAA como elemento constitutivo de la masculinidad. Para comprender cómo se configura la identidad masculina resulta provechoso tomar en cuenta el apunte de Connell (2003): “La masculinidad existe sólo en contraste con la femineidad” (p. 2); y para complementar esta idea, retomo lo que también señala Badinter (1993) cuando habla de la constitución de la masculinidad: “Para hacer valer su identidad masculina deberá convencerse y convencer a los demás de tres cosas: que no es una mujer, que no es un bebé y que no es homosexual” (p. 51). En ese sentido, podríamos entender los géneros masculino y femenino como conceptos correlacionales; es decir, que a partir de uno se genera una noción de lo que es el Otro. Un factor importante que ha llevado al cuestionamiento de estos mandatos se encuentra en el empoderamiento femenino que las mujeres hemos ganado con el paso del tiempo. Actualmente los hombres pasaron de ser esenciales para la supervivencia a ser prescindibles. La lucha feminista lleva ventaja histórica en el camino hacia la deconstrucción; los hombres aún tienen mucho trecho que recorrer.

Tercera consideración: de las “nuevas” formas de ser hombre
A lo largo del curso conversamos acerca de las “nuevas masculinidades”, sobre las cuales entiendo la posibilidad de pensar en la masculinidad de maneras alternas a un modelo hegemónico tóxico. Reflexionar, entonces, y reconocer que también dentro de la población masculina hay interseccionalidades, circunstancias que configuran diferentes formas del ser hombre, implicaría entonces romper con dicho modelo de performar la virilidad y encontrar caminos alternos que humanicen los vínculos de los hombres con las mujeres, consigo mismos y con otros hombres.
     Sin embargo, personalmente me causa problemas el adjetivo que indica la novedad en esto. Mis reflexiones me llevan a pensar en la preexistencia de los hombres que no se ajustan al modelo hegemónico de masculinidad ni les interesa alcanzarlo como tal: hombres homosexuales, transgénero y transexuales, hombres de clase baja con aspiraciones económicas que pueden verse imposibilitadas por nuestros sistemas económicos; hombres en fin, cuyas únicas salidas para reafirmar una validez identitaria hace ecos en las violencias. Aquí aludo de nuevo al carácter interseccional que también atraviesa a los sujetos masculinos, pero la ruptura con algunas cláusulas del mandato de masculinidad no los exhime de la práctica machista. Hay sujetos homosexuales a quienes les sobrevive la misoginia y, por lo tanto, la homofobia; hay otros que están muy de acuerdo con la práctica laboral o la participación en la esfera pública de las mujeres, pero que no apoyan en las labores de cuidados. Es necesario que se mantenga en dinámica la autocrítica como sujetos históricos que han gozado de los privilegios, como Nogués (2019) indica: “Pensar que la igualdad es una palabra y no ver que en realidad representa un verbo, pues conlleva una práctica diaria, es caer en el autoengaño de la deconstrucción.” (s.n.); esto lo comenta a propósito del participio “deconstruido”, el cual indicaría un estado acabado de una acción, sobre lo cual Nogués discrepa. Pero en un sentido más extenso y bastante sustancial, García (2015) expone lo siguiente:
Hay una versión muy light, muy superficial de las nuevas masculinidades, por ejemplo, simplemente un hombre que llora es un neo masculino, me parece que desligar la actuación personal de preguntarse por la democratización del poder, justamente no le da soporte a que sea un “nuevo hombre”. Un hombre que al contrario del pasado hoy sí cambia los pañales, pero es el mismo sexista de siempre con sus compañeras de trabajo, o que ahora es más vanidoso y se hidrata la piel, de ahí que para alguna gente la metrosexualidad es una nueva masculinidad. […]. Entonces me parece que si dejamos correr socialmente la idea de que las nuevas masculinidades es cualquier práctica contemporánea de los hombres, se está perdiendo su sentido político. Para mí, sí es un marco muy exigente en todos los ámbitos de la vida, del cambio y la noción central es el tema del poder, o si no, no es. Las nuevas masculinidades, no las veo como un punto de arranque, sino como una dirección del cambio, en la cual la pregunta por el poder, por su renegociación, democratización, por perder espacios de poder, tiene que darse en muchos ámbitos y respecto de muchos comportamientos de la vida y en un intento de buscar coherencia. (Iván García [2012] en García [2015]) (p.101)
     La coherencia a la que alude el entrevistado García me parece que es la de una dimensión ético-política de la deconstrucción masculina. Creo que este compromiso es el que marcaría una diferencia entre lo que se sostiene en el discurso a lo que conlleva la praxis.

Cuarta consideración: De los hombres, onvres y feministos
Presentarnos como feministas, independientemente de nuestro sexo, no garantiza la ética que atraviesa nuestra subjetividad, se manifiesta en un discurso que quisiéramos encontrar en la praxis en una dinámica congruente. Esto lo menciono porque parece que cada vez se vuelve más común encontrarnos con hombres que se nos presentan como feministas, fenómeno que viene acompañado de la resistencia que existe desde algunos feminismos sobre la inclusión y consideración de los hombres dentro del movimiento. Por lo tanto arrojo la pregunta que espero siga motivando una reflexión: si los feminismos son exclusivos para las mujeres, ¿cómo definiríamos el ser mujer en estos tiempos? Si desde Simone de Beauvoir se ha reflexionado acerca del devenir mujer como una categoría construida, ¿los hombres por qué no podrían sumarse a la lucha desde el supuesto ejercicio de empatía?, ¿por qué querrían estar en el espacio históricamente pensado para mujeres?, ¿por qué no convertir sus espacios no tanto en feministas, sino para compartir entre ellos sus inquietudes sobre la construcción de la masculinidad entre pares?
     Hay quienes pensarán que todes podemos ser feministas y esto, al margen de calificarlo como verídico o no, me parece más importante preguntarnos ¿qué significa ser feminista?, ¿usar una playera?, ¿postear en redes nuestro apoyo?, ¿asistir a las marchas? Para mí es un replanteamiento estructural en todos los ámbitos y estar atenta hacia los vestigios de la violencia patriarcal desde los lugares que experimentamos en nuestra existencia. Ojalá pudiera proponer una ética feminista en este momento, pero sería objeto para otro texto.
     Vuelvo con mis preguntas: ¿cómo estar atentas sobre las líneas de poder dominantes? La agenda política del feminismo evidentemente tiene otras cuestiones más importantes que discutir antes que debatir si los hombres pueden ser feministas o no. Este es un tema que les importa a los hombres, los que ahora se sienten excluidos en un espacio que se ha creado históricamente por mujeres. Sin embargo, si hay un territorio en común, sería el interés por la deconstrucción del género y el trabajo que cada quién puede realizar para ello desde su trinchera. También creo que los esfuerzos por ser reconocidos en la esfera feminista serían menos problemáticos y potencialmente más fructíferos si utilizan sus espacios de socialización masculina para desmontar las actitudes machistas de los pares.
     Identificarse como feminista es un acto de resistencia política frente al orden patriarcal que emerge en contestación hacia un modelo hegemónico: el hombre blanco, heterosexual de clase media, y cómo este ha sido considerado la medida de todas las cosas. Con acceso a los discursos y los espacios ha creado el mundo a su imagen y semejanza. Las mujeres fuimos históricamente la Otredad. Sin embargo, el hecho de leer la historia desde otros lugares, tomando en cuenta la clase, raza y el género nos permite darnos cuenta de que hay más voces que han clamado la visibilización, el reconocimiento. En ese sentido, insisto en la preexistencia de hombres periféricos que pululan alrededor de un modelo masculino privilegiado en los espacios de representación y enunciación.
     Una de las opiniones sobre este tema que más me ha dejado satisfecha sobre este debate es la respuesta de Fabbri (2019) a la pregunta: “¿Cuál es el rol de los varones en el feminismo?”:
No creo que los varonces cis tengamos que disputar un lugar, un reconocimiento o una credencial como feministas, sino hacer del feminismo una mirada para problematizar nuestras relaciones y nuestras prácticas. En este sentido planteo que varón feminista no es una identidad, sino una relación. (s.n.)    
     Una relación con la lucha feminista. Una reflexión que lleve a la acción desde los lugares que ocupan los hombres en las esferas sociopolíticas para extender este discurso sin necesidad de explicar a las feministas cómo realizar sus luchas o legitimarlas en los espacios. Sin intenciones de protagonizar un movimiento que se encarga de reconocer, legitimar, valorar y visibilizar a las mujeres. Habrá que erradicar ese paternalismo político que pretende “corregirnos”, “ayudarnos”, “protegernos” y explicarnos cómo son “realmente las cosas”.
     Actualmente circula en redes sociales una diferenciación que trasciende a lo que pareciera un typo: hombre y onvre. Propongo una definición breve y somera sobre ambas palabras.
     Por una parte, hombre se referiría al sujeto masculino en el camino hacia una deconstrucción de género, atento y autocrítico sobre su papel social de macho potencial pero que ha decidido buscar otras formas de experimentar su género, asumiendo un compromiso ético-político como el que ejemplifiqué previamente. Quien se ubica dentro de esta primera categoría no necesita ni exige ser reconocido todo el tiempo por no acosar, no violar y autoproclamarse en redes sociales como feminista argumentando #notodosloshombres.
     Por otra parte, para las y los cibernautas que estén familiarizados con la palabra onvre, sabrán que hay un contexto de mofa alrededor de ella. Una mirada ingenua podría pensar que es un simple e(ho)rror de ortografía, sin embargo, considero que va más allá de ello. No tengo pruebas pero tampoco tengo dudas. En un contexto informado en temas relacionados con los estudios de género y feminismos, donde se sabe que la lucha feminista no busca erradicar a los hombres sino al patriarcado, se puede reconocer el matiz de diferencia: un onvre sería todo aquél sujeto masculino que sigue reproduciendo un estereotipo y el mandato respectivo en aras de alcanzar un estado hegemónico; aquél que se siente cómodo en sus privilegios y quien se siente amenazado por el posible desplazamiento del trono patriarcal debido a las luchas sociales y políticas de las terroristas de su Estado de aparente bienestar: las feministas. Una versión de este tipo de onvre es el que dota de una cómica veracidad al personaje de Nacho Progre: la imagen del feministo con ideas progresistas. Un personaje que encarna la contradicción e incongruencia de ideas que habitan en un sujeto que, a pesar de su discurso progresista y jerga intelectual, continúa con la reproducción del machismo, por lo tanto denuncia precisamente esa falta del compromiso ético-político. De ahí la importancia de sostener la autocrítica, como menciona Nogués (2019): “Autodenominarnos como feministas no nos hace mejores personas si no logramos darnos cuenta en nuestro día a día de nuestros micromachismos, de nuestros mansplainings y de qué mandatos y patrones tóxicos aún seguimos replicando” (s.n.). Ojalá esto funcionara sólo como una broma distante de la realidad; no obstante, Nacho Progre resulta una sátira feminista creada por Cynthia Híjar y Carmina Warden, con este personaje proponen la representación de un neomachista que representa discursos y actitudes que extraídos de la cotidianidad o, por lo menos, es lo que, en palabras de las creadoras de Nacho Progre, algunas cibernautas han dejado saber:
La gente lo recibe como a alguien ya conocido, con mucha familiaridad. Y creo que esa es una de las razones por las que se volvió popular tan rápido. La gente, en especial las chicas, lo reconocen en sus amigos, en sus compañeros de trabajo, en sus exparejas. Ese personaje existía antes y nosotras le pusimos imagen y nombre propio. (Híjar, 2020, s.n.)
     En un mundo donde los feminismos cada vez van tomando más espacios físicos y simbólicos, claro que han surgido efectos en el orden social. Actualmente sería difícil encontrar a alguien que exprese una identidad machista por la carga negativa que afortunadamente ha cobrado esa palabra, como lo menciona Ana de Miguel (2015): “En los tiempos modernos que corren ya no es posible legitimar la desigualdad en términos de la inferioridad intelectual o moral de las mujeres. Sería poco cool, eso queda, en todo caso, para el pensamiento conservador” (p. 23). Sin embargo, la negación de un machismo contribuye con un espejismo de la igualdad (Valcárcel, 2015), el cual nubla el estado de las cosas y supone entonces que ya no hay más qué hacer en el territorio de la igualdad de derechos tomando en cuenta las diversidades sexo-genéricas.

Concluyo: Los peligros del discurso que no llegan a la praxis
Durante los últimos meses decidí extender mi mirada crítico-analítica hacia el estudio de las masculinidades. No ha sido tarea fácil desglosar cada idea, en ocasiones sorprendiéndome de mis propios prejuicios que me he dado a la tarea de cuestionar mas no sé si arrancar. En mi ética personal no pretendo educar a los onvres en los feminismos, ni proponerlos como clave en esta lucha, ni forzar espacios mixtos, ni convencer a nadie de una heterosexualidad, ni victimizar a nadie. Reconozco la red de relaciones que entretejemos, las angustias y ansiedades que producen los mandatos de género, ese deber-ser que construye todo un iceberg de violencia de género que urge frenar.
     Sin embargo, sí creo que el trabajo de, con y para las masculinidades debe realizarse por los pares varones, construir relaciones donde rompan con sus pactos patriarcales en sus espacios de socialización; de otro modo, se reincide en responsabilizar a las mujeres de la educación de los hombres, como si la realidad no desbordara todavía la desequilibrada responsabilidad de la crianza en las mujeres como para prolongarlo con otras personas y en otras situaciones. Por ello que resulta de gran relevancia el siguiente comentario de García (2015):
Asumir una nueva masculinidad se convierte en un paraguas que protege de las demandas del movimiento social de mujeres, el feminismo y las organizaciones de hombres, pero al no basarse en un replanteamiento de las relaciones de poder, puede develar que se trata del mismo sexismo con un ropaje distinto, más plástico. (p. 103)
     Ante la plasticidad o la falta de compromiso ético-político es donde hay que permanecer alertas sobre todo en cuanto a las relaciones de poder. Reconocer nuestros privilegios de género, raza y clase, así como trabajar en pos de deconstruirlos potenciarían el camino hacia consolidar una sociedad más justa. Cuestionar el poder me parece un aspecto clave para desmontar este sistema patriarcal y, por ende, expandir las posibilidades de ser más allá de lo que implica la imposición de los mandatos de género.
     La relación de los hombres con los feminismos es importante y esencial en un camino que busca frenar la desigualdad y las formas de violencia machista. Por supuesto que los varones obtendrían beneficios de ello, pero sobre todo resalto la urgente demanda social por buscar todas las formas posibles para detener la ola de violencia de género que afecta principalmente a la población femenina. La historia de los feminismos ha demostrado que: “Nada nos han regalado y nada les debemos. [...] Ya que hemos llegado a divisar primero, y a pisar después, la piel de la libertad, no nos vamos” (Valcárcel en Varela 2008, s.n.). Los alcances del empoderamiento femenino son incuestionables, pero si cada quien asume el aludido compromiso ético-político desde sus intereses y espacios de socialización, creo que podríamos acelerar el proceso de transformación social que gira en torno al género.

Referencias bibliográficas:
Badinter. E. (1993). XY. La identidad masculina. Madrid: Ed. Alianza.
Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona: Ed. Anagrama.
Canal PeruculturalHD (1 de abril de 2015). Amelia Valcárcel: La igualdad como preventiva de la violencia contra las mujeres [archivo de video] Youtube. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=cW3Dq_KVhUY consultado en mayo de 2020.
Connell, R. La organización social de la masculinidad. En C. Lomas (coord.), ¿Todos los hombres son iguales? Identidades masculinas y cambios sociales, pp. 31-54. España: Paidós Ibérica.
De Miguel, A. (2015). La revolución sexual de los sesenta: una reflexión crítica de su deriva patriarcal. Investigaciones Feministas vol. 6, pp. 20-38. Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/INFE/article/view/51377 consultado en mayo de 2020.
Fabbri, L. (2019). «Varón feminista no es una identidad, sino una relación»/Entrevista por Christopher Loyola. Disponible en: http://elgritodelsur.com.ar/2019/10/nuevas-masculinidades-lucho-fabbri.html consultado en mayo de 2020.
García. L. (2015). Nuevas masculinidades: discursos y prácticas de resistencia al patriarcado. Ecuador: FLACSO.
Híjar, C., Warden, C. (25 de noviembre de 2016). Nacho Progre, sátira feminista/Entrevista por Abraham Nava. Excélsior. Disponible en: https://www.excelsior.com.mx/de-la-red/2016/11/25/1130392 consultado en mayo de 2020.
Kaufman, M. (1989). Hombres placer poder y cambio. República Dominicana: Centro de Investigación para la Acción Femenina.
Netflix (productor). Jaenes, M., Márquez, R. (directoras). (2019). ¿Qué coño está pasando? [cinta cinematográfica]. España: Netflix.
Nogués, N. (27 de diciembre de 2019). El autoengaño de sentirte deconstruido. FORBES. Disponible en: https://www.forbes.com.mx/el-autoengano-de-sentirte-deconstruido/?fbclid=IwAR3USPeRgnCD7EB0psi-GyTIhbp5JYARb3L0G5SnU-FDpBDEmrgcrrV5yVQ consultado en mayo de 2020.
Segato, R. (2020). Una falla del pensamiento feminista es creer que la violencia de género es un problema de hombres y mujeres/ Entrevista por Alejandra Ojeda Garnero. Rebelión. Disponible en: https://rebelion.org/una-falla-del-pensamiento-feminista-es-creer-que-la-violencia-de-genero-es-un-problema-de-hombres-y-mujeres-2/ consultado en mayo de 2020.
Siebel, J. (2015). The mask you live in [cinta cinematográfica]. Estados Unidos de Amèrica: Jennifer Siebel Newsom.
Varela, N. (2008). Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B, para el sello B de Bolsillo.

viernes, 28 de febrero de 2020

Apuntes para el ensayo de los onvres en el feminismo


Cada vez me generan nuevas ideas y problemáticas estos temas.
La etiqueta del feminismo oscila entre lo políticamente correcto en estos tiempos y el rechazo totalitario. ¿Qué implicaciones sociopolíticas tiene el hecho de enunciarse como feminista para hombres y mujeres, respectivamente? (cayendo otra vez en las dicotomías, ya lo sé). ¿Cómo vamos a validar nuestras posturas?, ¿validarlas para quién?, ¿a través del feministómetro de quién?, ¿desde qué lugares atravesados por nuestras circunstancias nos legitimamos políticamente?

Se me ocurre que esto si bien es un acto de resistencia política, emerge en contestación hacia un modelo hegemónico: el hombre blanco, heterosexual de clase media. Y cómo este ha sido considerado el modelo de la medida de todas las cosas. Con acceso a los discursos y los espacios ha creado el mundo a su imagen y semejanza. Las morras fuimos históricamente la Otredad. Sin embargo, el hecho de leer la historia desde otros lugares, tomando en cuenta la clase, raza y el género nos damos cuenta de que hay más voces que han clamado la visibilización, el reconocimiento.

El discurso es más complicado. ¿Quién es le sujetx políticx del feminismo?

El feminismo como discurso puede ser bello. Sin embargo nos topamos de nuevo con la vertiente post estructual de los procesos de subjetivación desde la emisión a la recepción. ¿Cómo estar atentas sobre las líneas de poder imperantes?

La agenda política del feminismo evidentemente tiene otras cuestiones más importantes que discutir antes que debatir si los hombres pueden ser feministas o no. Este es un tema de los hombres para demostrar que también pueden y quieren incluirse dentro de este movimiento. En otras palabras: es un tema que les importa a los hombres, los que ahora se sienten excluidos en un espacio que no les compete. Sin embargo, si hay un territorio en común sería la deconstrucción del género y el trabajo que cada quién puede realizar desde ello.

viernes, 21 de febrero de 2020

Apuntes para un ensayo sobre los hombres feministos

Problematizar el privilegio
Problematizar las performatividades de género como conceptos correlacionales. Sin unx, no existe Otrx. (¿neta?) El devenir identitario dentro de una de estas categorías, ¿qué promete? En tiempos actuales se habla de lo diverso, ¿por qué seguir arrastrando el tema de los estereotipos? Estos elementos han estado implicados en nuestra socialización y construcción identitaria, sin embargo el tiempo ha pasado, sí, y hay fracturas en ellxs; incluso los discursos institucionales han cambiado. Lxs adolescentes quizás lo tienen más claro: han consumido el resultado de nuestras luchas pasadas.

¿Es necesario sujetarnos a las etiquetas sociales aunque estas puedan demandar, en primera instancia, una conducta que refleje la hegemonía de esa ideología? Cuando digo "hegemonía" ¿existirá?, ¿habrán mujeres, incluso, 100% feministas?, ¿nos permitimos las rupturas de ciertos preceptos?, ¿cuáles son perdonables de nosotras mismas?

No hay un feminismo, sino feminismos. No hay una sola forma de ser feminista, hay multitudes como mujeres en el mundo. Luego, ¿las TERFS?, wtf?

Si la mujer como categoría política es algo contruido, ¿los hombres por qué no podrían sumarse a la lucha desde el supuesto ejercicio de empatía?, ¿por qué querrían estar en el espacio históricamente pensado para mujeres?, ¿por qué no convertir sus espacios no tanto en feministas, sino para compartir entre ellxs sus inquietudes sobre la construcción de la masculinidad entre pares?


martes, 21 de enero de 2020

Estoy enojada

Vengo a recordar que lo personal es político. Vengo a pensar y poner sobre la mesa la politicidad del sexo. Hace rato encontré una lista creada por La marcha de las putas acerca de a qué nos referimos cuando decimos que los hombres no saben coger y me encantó porque terminó diciendo: "porque se creen muy vergas y no nos pueden dar ni un orgasmo".

Hoy más temprano hablaba con E. de una situación que se habló en mi clase del viernes: madres-jefas de familia viudas o separadas. La carga de la responsabilidad de los cuidados hacia otrxs y la ausencia de autocuidados para ellas. Un compañero preguntó retóricamente que si estuvieran con un hombre, ¿sería mejor? Pienso que no. Las mujeres cada vez nos vamos reafirmando lo prescindible de los hombres. En estos tiempos, de verdad, ¿quién necesita a un hombre? Entorpecen las labores, es todo. Para mí el matrimonio debería, por lo menos, construirse con la noción de relaciones horizontales (sí, sin jerarquías o imposiciones de poder de una parte hacia la otra) o si no, sólo se vuelve un contrato de esclavitud donde la opresión se ejercerá sobre las mujeres. Labores domésticas asumidas y además contribución obligatoria a los ingresos económicos de la familia. Sí, las mujeres nos hemos insertado activamente a la esfera pública pero sin alcanzar los altos puestos; y sí, aún llegando a casa asumimos las labores del hogar. No, los hombres no han intervenido del todo en los espacios privados. La división sexual del trabajo sigue siendo algo que las mujeres "tenemos que pedir" después de años de martilleo cultural que genera la dichosa "carga mental".

Las mujeres no necesitamos un hijo de nuestra edad, sino un compañero. Me revienta la idea de construir una relación al servicio de los cuidados, afectos y necesidades de los pinches onvres. Es difícil plantearme compartir mi espacio, tiempo y afecto con alguien en estos tiempos. También sospecho el sacrificio de la enseñanza y el aprendizaje. No hay parejas perfectas, ni siquiera nosotrxs lo somos en nuestra individualidad... Estamos en devenir constante. Pero los onvres no han hecho mucho históricamente para llegar a ser la sospecha del aliado. Es una cuestión de ética, ¿tienes un código de valores para relacionarte?, ¿tienes al menos palabra?

En lo que a mí respecta, cada vez es más difícil encontrar hombres en un mar social de onvres, y pensar en una coherencia axiológica en la praxis.

jueves, 9 de enero de 2020

Charlas con E.

Hoy hablaba con E. sobre cuando los vatos prolongan el final de las relaciones. Tenemos eso en común también, la forma en que terminamos con el respectivo pendejo. Entonces yo tuve una revelación que al mismo tiempo vino a cuajar cuando leía un post de Coral Herrera acerca de las rupturas hace unos meses (sí, estaba en mi etapa de duelo queriéndolo hacer más llevadero): los hombres prolongan las rupturas porque no hablan de sus sentimientos y así de todas formas terminan dañando porque una como pareja siente que las cosas cambian pero si ellos sostienen el discurso de que todo va bien, se convierte en un mindfuck. Crees que estás loca por percibir cosas distintas y anulas lo que la intuición te está diciendo porque el otro wey contradice las palabras con los hechos. Quiero nombrarlo ahora porque es un tema más profundo del que quiero seguir escribiendo. Ya ves, siempre me ha interesado la locura femenina.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Don't need you: The herstory of Riot Grrrl


Acabo de ver este documental sobre la historia del Riot Grrrl. Mi corazón se puso feliz.

Luego pienso en qué onda con esto en México y recordé a las Ultrasónicas:





Lástima que no puedo agregar el video de "Fucking pregnant" pero dejo el enlace. Amo cuando canta "Pinche puto, dijiste que no te vendrías en mí. Pinche wey, ya me chingué"

martes, 26 de noviembre de 2019

Ojalá El imbécil lea esto

Estoy tratando de limpiar mi cabeza para poder concentrarme en lo que realmente importa.

Hablaba con mi amigo C. a quien hace años no veo pero que repentinamente reapareció en mi vida hace como dos meses. Hemos hablado de nuestros duelos con nuestrxs respectivxs ex's (en mi caso es menos que eso, porque nunca se animó siquiera a pensarme como novia aunque a veces "la cagaba" y se autocorregía cuando me denominaba novia, ve tú a saber).

Bueno, decidí rebautizar a mi pseudo ex como "El imbécil". El que al principio dijo no querer ser un pendejo conmigo y que terminó siendo el turbo pendejo. Imagínate que la última vez que nos vimos aún tuvo el descaro de decirme "Me gustas y te quiero" y al mes ya estaba saliendo con una amiga mía (bueno, yo la consideraba así). Sí, después de poco más de un año de relacionarnos sexo afectivamente. Así como si nada. Cada quién tiene sus procesos de sanación, eso lo entiendo pero...¿neta?,¿en un mes? Y todavía seguía contactándome. Siento pena por la chica porque me parecen las peores circunstancias para gestar algo. Pero también sé que eso empezó desde antes. Es claro. Flashback: allá como en marzo "El imbécil" y yo comíamos juntos y volteé por casualidad cuando a su celular llegó un mensaje: "¿dónde estás?" preguntaba la chica con la que ahora "sale"y él contestó "en el centro". En realidad él estaba comiendo conmigo en mi casa; no lo cuestioné porque me parecía intensear inútilmente. Ahora todo tiene sentido. Lo descubro tan convencional como cualquier otro, tan macho progre con apariencia de aliado. Me tragué todo el cuento, debí seguir el instinto visceral que la entraña me dicta a veces. Qué porquería pensar en resignificar la historia para mal y descubrir las costuras mal hechas, las violencias y los aguantes. Sí, hablo desde el dolor del desengaño y la traición que acompañó el final de una historia terriblemente líquida.

Cuando me enteré de todo esto no tuvo ningún sentido. Hace tiempo yo le pregunté abiertamente si le gustaba ella en un momento de franqueza y él dijo que no, que no le gustaría. Después me habló del tipo de chicas que le gustan y ella no parecería encajar con lo que él me dijo. Pero bueno, de nuevo, cada quién tiene derecho a reinventarse.

Luego pensé en la sororidad. Al principio no estaba molesta con ella. Después lo vi de otra manera. Me resisto a creer que las morras nos seguimos haciendo esto. Ya la molestia con ella no es por el vato en sí sino en la traición a mí. El imbécil es tan cobarde que evidentemente no me lo diría, pero muchas personas asumieron que yo ya lo sabía. Incluso cuando cierta amiga me lo dijo, después del lloriqueo necesario, me sentí tan molesta como Regina George cuando descubre que le han dado barritas para engordar en vez de adelgazar y ese grito que viene de develar la mentira prolongada por meses.

Para bien o para mal, lo único que queda de esto es aprendizaje. La sororidad no aplica en todos los territorios con todas las mujeres. Es sabido. Hay mujeres que siguen interiorizando el patriarcado  y son precisamente con quienes no vale la pena relacionarse si sólo será para mal. Así me parece esta chica después de todo. Su edad le permite compartir ciertas ideas con la lucha feminista, pero aún dista de asumirse políticamente en este territorio. Esa es una de las tibiezas de mis contemporánexs con las que me resulta difícil lidiar, sobre todo si se genera un conflicto de este tipo.

Eso no me impide sentir que lamento los daños inminentes de una relación con un imbécil que no es congruente, no se compromete ni sabe a corto plazo lo que quiere. Quizá la vida me sorprenda y ambos perfiles encajen a la perfección. Cada quién hace lo necesario para ser feliz o, al menos, tener la ilusión de ello.

Vuelvo a pensar en construir relaciones con/desde una ética feminista y pienso en que en vacaciones escribiré algo sobre eso.